Capítulo 2: El niño que la universidad había registrado antes de conocerlo

La oscuridad duró apenas unos segundos.
Las luces de emergencia se encendieron.
Evelyn intentó abrir la puerta.
No respondió.
El técnico probó el panel.
—Alguien bloqueó el sistema desde otro servidor.
Clark ya no estaba junto a la puerta.
Había desaparecido por una salida lateral destinada al personal.
Aquello fue suficiente para cambiar completamente la investigación.
La policía universitaria cerró el edificio.
Maya permaneció junto a Noah.
Él seguía sosteniendo el bastón con demasiada fuerza.
—¿Quién es Nathaniel Rowe? —preguntó ella.
Noah tardó en responder.
—Yo.
A los seis años había sufrido un accidente de automóvil.
Después de aquello perdió gran parte de la visión que todavía conservaba.
También perdió a sus padres.
Al menos esa era la historia que siempre le habían contado.
Fue adoptado por los Bennett pocos meses después.
Su madre adoptiva le explicó que su nombre original había sido cambiado para protegerlo de familiares problemáticos.
Noah nunca preguntó demasiado.
—¿Por qué protegerte de tu propia familia? —preguntó Maya.
—Nunca me lo dijeron.
Evelyn volvió al monitor.
Buscó el nombre Nathaniel Rowe dentro de los archivos antiguos de la universidad.
Encontró algo.
Quince años atrás, Westbridge University dirigía un programa experimental para niños con discapacidades sensoriales.
Se llamaba Project Horizon.
El objetivo oficial era desarrollar métodos educativos para alumnos con pérdida visual y auditiva.
Nathaniel Rowe figuraba como participante.
Noah sintió que el aire desaparecía.
—Yo nunca estuve aquí.
Evelyn continuó.
Había evaluaciones.
Informes médicos.
Grabaciones.
Resultados cognitivos.
Incluso calificaciones de pruebas realizadas cuando Noah tenía cinco y seis años.
Maya miró a la decana.
—¿Cómo puede no recordarlo?
Evelyn abrió otro archivo.
El director del proyecto era Raymond Clark.
Clark no había sido profesor entonces.
Era investigador clínico.
Noah sintió un frío profundo.
—Él me conocía.
La policía encontró a Clark en un despacho antiguo del sótano.
No intentó escapar.
Solo pidió hablar con Noah.
Evelyn se negó al principio.
Pero Noah aceptó.
La conversación ocurrió con varios agentes presentes.
Clark parecía diferente.
Ya no arrogante.
Cansado.
—¿Quién era Nathaniel Rowe? —preguntó Noah.
Clark lo miró en silencio.
—Un niño excepcional.
—Eso no responde.
Project Horizon nunca fue solo educativo.
Financiado por una empresa privada llamada Meridian Biotech, estudiaba cómo el cerebro compensaba la pérdida de visión.
Los investigadores querían demostrar que algunos niños podían desarrollar habilidades auditivas y espaciales extraordinarias.
Noah era uno de los casos más prometedores.
Pero algo salió mal.
Los padres de Nathaniel descubrieron que el programa utilizaba procedimientos no autorizados.
Sedación.
Estimulación neurológica.
Manipulación de memoria.
Intentaron retirar a su hijo.
Pocos días después ocurrió el accidente.
Clark aseguró que nunca supo si fue realmente un accidente.
—¿Mis padres murieron?
Clark bajó la mirada.
—Eso nos dijeron.
—¿Quién?
—Meridian.
Noah sintió rabia.
—Y luego cambiaron mi nombre.
Clark asintió.
Un investigador ayudó a sacar a Nathaniel del programa y entregarlo a una nueva familia.
La identidad Noah Bennett fue creada para protegerlo.
Los archivos fueron borrados.
O eso creían.
—Entonces ¿por qué existe mi cuenta quince años antes?
Clark explicó que las cuentas modernas de estudiantes estaban construidas sobre una antigua base de datos.
Cuando Noah ingresó en Westbridge, el sistema vinculó accidentalmente su perfil actual con el antiguo expediente de Nathaniel.
Alguien lo descubrió.
Y empezó a utilizarlo.
—¿Quién?
Clark miró a Evelyn.
La decana palideció.
Su propio padre, Arthur Reed, había sido rector de Westbridge durante Project Horizon.
También era miembro del consejo de Meridian Biotech.
Evelyn negó.
—Mi padre murió hace diez años.
Clark respondió:
—Oficialmente.
El silencio llenó la habitación.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, el teléfono de Evelyn vibró.
Había recibido un archivo.
Un video.
En la grabación aparecía un hombre anciano sentado en una habitación oscura.
Arthur Reed.
Vivo.
—Nathaniel —dijo mirando a cámara—. Si estás viendo esto, significa que Raymond finalmente perdió el control.
Noah cerró los puños.
Arthur continuó:
—Tu examen no fue un intento de acusarte de fraude. Fue una prueba.
Maya se acercó al monitor.
—¿Una prueba de qué?
Arthur sonrió.
—Para saber si todavía recuerdas lo que escondiste cuando tenías seis años.
El video terminó.
Noah permaneció en silencio.
Después levantó lentamente la cabeza.
—Yo no recuerdo haber escondido nada.
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Clark susurró:
—Eso es exactamente lo que ellos esperan que digas.