PARTE 1 — LA NIÑA DEL ESPEJO

La tormenta había dejado aislada la casa de montaña antes de medianoche.
Ethan Carter había alquilado aquel lugar para pasar un fin de semana tranquilo con Claire y su hija Lily, de siete años. La casa era antigua, pero acogedora: paredes de madera, muebles pesados y grandes ventanas desde las que se veía el bosque.
Aquella noche, mientras Claire cerraba las cortinas del dormitorio de Lily y Ethan comprobaba el pestillo de la ventana, ocurrió algo extraño.
TOC.
Los tres se quedaron inmóviles.
Después llegaron otros dos golpes.
TOC. TOC.
Venían de debajo de la cama.
Lily recogió inmediatamente los pies sobre el colchón.
—Papá… ha sonado debajo de la cama.
—Tranquila. Voy a mirar.
Ethan encendió la lámpara, se arrodilló y miró debajo.
Nada.
Solo suelo de madera.
—No hay nada.
Ethan comenzó a levantarse.
Entonces Lily susurró:
—Papá… espera.
La niña no miraba la cama.
Miraba el antiguo espejo situado en la pared de enfrente.
Ethan siguió sus ojos.
Y se quedó paralizado.
En el reflejo podía verse la cama.
Pero debajo de aquella cama reflejada había una niña.
Tendría unos ocho años.
Pelo oscuro.
Rostro pálido.
Estaba tumbada en el suelo mirando directamente a Lily.
Ethan dio un paso lateral.
Ahora podía ver al mismo tiempo el espacio real bajo la cama y su reflejo.
En la realidad no había nadie.
En el espejo, la niña seguía allí.
Claire se llevó una mano a la boca.
—Ethan… yo también la veo.
Aquello descartaba que fuera una simple impresión de Lily.
Ethan colocó a su hija detrás de Claire.
—Quédate con mamá.
La desconocida levantó lentamente un dedo.
Se lo llevó a los labios.
Después señaló hacia el viejo armario situado junto a la puerta.
Lily susurró:
—Está señalando el armario.
Nadie se acercó.
Entonces sonó:
TOC.
Y dos golpes más.
TOC. TOC.
Esta vez procedían claramente del interior del armario.
Claire miró a Ethan.
—Antes venían de la cama.
—Sí.
Entonces escucharon una voz infantil.
—Ethy…
Ethan dejó de respirar durante un instante.
—Ethy…
Claire lo miró.
—¿Qué ha dicho?
Ethan tenía los ojos clavados en el armario.
—Ethy.
—¿Qué significa?
Su rostro había perdido todo el color.
—Era como me llamaba mi hermana.
Claire frunció el ceño.
—¿Tu hermana?
Ethan nunca le había hablado de ninguna hermana.
—Se llamaba Rebecca.
—¿Dónde está?
Ethan tardó varios segundos en responder.
—Desapareció cuando yo tenía ocho años.
REBECCA
Ethan tenía ocho años.
Rebecca once.
Eran inseparables.
Rebecca había inventado el apodo “Ethy” cuando él apenas sabía hablar.
Nadie más lo utilizaba.
Ni siquiera sus padres.
Una noche de invierno Rebecca desapareció de la casa familiar.
La versión oficial fue sencilla.
Había salido sola.
Se organizó una búsqueda.
Nunca la encontraron.
Después de aquello, los Carter dejaron aquella región.
Sus padres prácticamente borraron el nombre de Rebecca de la familia.
Ethan aprendió a no preguntar.
Claire lo miraba horrorizada.
—Llevamos doce años casados y nunca me dijiste que tenías una hermana.
—Porque durante años intenté convencerme de que casi no la recordaba.
Era mentira.
Ethan recordaba demasiado.
Y ahora una voz acababa de pronunciar el único nombre que Rebecca utilizaba para él.
EL ESPEJO CAMBIÓ
Claire volvió a mirar el espejo.
—Ethan…
La niña ya no estaba debajo de la cama reflejada.
Ahora estaba de pie.
Y detrás de ella podía verse algo que no existía en el dormitorio real.
Una puerta estrecha.
Exactamente donde estaba el armario.
Ethan comprendió lo que la niña intentaba señalar.
No era el interior del mueble.
Era lo que había detrás.
Claire sacó el teléfono.
No tenían cobertura.
Pero podía utilizar la cámara.
Apuntó al espejo.
La imagen aparecía también en la pantalla.
—La cámara también la capta.
Eso hizo que Ethan sintiera todavía más miedo.
Si una cámara podía registrarlo, entonces debía existir una explicación física.
No sabía cuál.
Pero quería encontrarla.
UNA FOTOGRAFÍA IMPOSIBLE
Ethan se acercó únicamente al lateral del armario, sin abrirlo.
Allí descubrió una pequeña fotografía atrapada entre la madera y la pared.
Parecía llevar años allí.
La sacó.
Dos niños estaban sentados frente a aquella misma casa.
Un niño de ocho años.
Y una niña de once.
Ethan reconoció inmediatamente al niño.
Era él.
Claire apenas pudo hablar.
—¿Esta es…?
—Rebecca.
Claire miró la casa de la fotografía.
Después miró a Ethan.
—Dijiste que nunca habías estado aquí.
—Eso creía.
La fotografía demostraba lo contrario.
Ethan había estado en aquella casa cuando era pequeño.
Simplemente no lo recordaba.
LA CASA
Claire buscó entre los documentos de la propiedad que el propietario había dejado en un cajón.
Encontró el apellido del antiguo dueño.
Carter.
Ethan sintió un vacío en el estómago.
La casa había pertenecido a su familia.
Sus padres habían vendido la propiedad pocos meses después de la desaparición de Rebecca.
—¿Por qué no recuerdas nada de esto? —preguntó Claire.
Ethan miró alrededor.
Entonces comenzaron a regresar pequeños fragmentos.
La escalera.
Una ventana del pasillo.
El olor de la madera húmeda.
Rebecca escondiéndose dentro de un armario durante sus juegos.
Y una noche.
Gritos.
Su padre discutiendo con alguien.
Rebecca llorando.
Después…
Nada.
EL ARMARIO
La tormenta continuaba.
Ethan decidió que no abrirían nada hasta asegurarse de que no hubiera peligro.
Pero entonces Lily señaló el suelo.
—Papá.
Debajo del armario había una corriente de aire.
Ethan acercó la mano.
Era cierto.
Claire observó la pared.
—Eso significa que hay espacio detrás.
Ethan recordó la puerta que había aparecido únicamente en el reflejo.
Examinaron el mueble sin moverlo.
En uno de sus laterales encontraron un pequeño mecanismo antiguo.
Parecía formar parte de la pared.
La casa había sido reformada y el armario había terminado colocado delante de una vieja puerta de servicio.
La explicación comenzaba a tomar forma.
Pero no explicaba a la niña del espejo.
Ni la voz.
LA VERDAD DEL ESPEJO
Claire observó el marco antiguo.
Descubrió un pequeño cable.
Después otro.
El espejo no era un espejo convencional.
Detrás del cristal había una vieja instalación óptica.
Un sistema de doble cristal conectado con una pequeña cámara antigua oculta en la pared.
Décadas atrás, la familia había instalado un sistema rudimentario para vigilar la habitación infantil desde el cuarto contiguo.
La tormenta había provocado fallos eléctricos.
Una vieja unidad de reproducción se había activado.
Lo que estaban viendo no ocurría en aquel momento.
Era una grabación.
Una grabación de muchos años atrás.
Ethan sintió que las piernas le fallaban.
—Entonces esa niña…
Claire miró la imagen.
—Podría ser Rebecca.
LA NOCHE EN QUE DESAPARECIÓ
El vídeo antiguo continuó.
Rebecca aparecía frente al espejo.
Miraba hacia algo fuera de plano.
Después se escondía debajo de la cama.
Golpeaba tres veces el suelo.
TOC. TOC. TOC.
No eran golpes dirigidos a ellos.
Eran sonidos grabados aquella noche y reproducidos por el viejo sistema.
Después Rebecca salía de debajo de la cama.
Se acercaba al armario.
Y pronunciaba:
—Ethy…
Ethan comenzó a llorar.
Aquello era una grabación de su hermana la noche en que desapareció.
Claire le tomó la mano.
Rebecca miró directamente hacia la antigua cámara.
Después dijo algo más.
El audio falló.
Ethan solo pudo distinguir:
—Ethy… si algún día vuelves…
Interferencia.
Después Rebecca señaló la puerta oculta.
DETRÁS DEL ARMARIO
A la mañana siguiente, cuando la tormenta disminuyó, Ethan contactó con el propietario y con las autoridades locales.
La antigua puerta fue revisada antes de abrirse.
Detrás había un pequeño cuarto de servicio.
Vacío.
No había nadie.
No había nada peligroso.
Solo cajas antiguas que habían quedado olvidadas durante las reformas.
En una de ellas estaba escrito el nombre de Rebecca.
Ethan abrió la tapa.
Había juguetes.
Ropa infantil.
Fotografías.
Y un pequeño reproductor de casetes.
Pero debajo de todo aquello había algo mucho más importante.
Un sobre.
En la letra de su padre.
“Para Ethan, cuando sea lo bastante mayor para saber qué ocurrió con Rebecca.”
Ethan sintió rabia.
Su padre había muerto nueve años antes.
Había tenido décadas para entregárselo.
Nunca lo hizo.
Claire permaneció a su lado mientras Ethan abría el sobre.
La primera frase decía:
“Ethan, tu hermana no desapareció aquella noche.”
Ethan dejó de respirar.
Continuó leyendo.
“Rebecca salió de esta casa acompañada por alguien a quien conocíamos.”
Claire lo miró.
—¿Quién?
Ethan pasó a la siguiente línea.
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Su expresión cambió.
—Mi madre.