Capítulo 2: La Promesa que Nadie se Atrevía a Creer

El silencio cayó sobre toda la pista.
Incluso el viento pareció detenerse.
Emma levantó lentamente la cabeza.
Durante cuatro años nadie se había atrevido a pronunciar palabras semejantes.
Todos hablaban de límites.
De aceptar.
De resignarse.
Pero aquel desconocido hablaba de esperanza.
Richard respiró profundamente.
Su primera reacción fue enfadarse.
Había conocido demasiados farsantes.
Curanderos.
Charlatanes.
Personas que prometían milagros solo para aprovecharse del dolor ajeno.
No permitiría que nadie jugara con las ilusiones de su hija.
—¿Sabes cuántos médicos la han tratado? —preguntó con dureza.
Mateo asintió.
—Lo imagino.
—¿Y aun así dices que puedes hacer lo que ellos no pudieron?
Mateo guardó silencio unos segundos.
Luego respondió con calma.
—No dije que fuera fácil.
Solo dije que quiero intentarlo.
Emma observaba cada palabra.
Algo dentro de ella empezaba a despertar.
No porque creyera ciegamente en aquel muchacho.
Sino porque era la primera vez que alguien la miraba como una niña...
Y no como una enfermedad.
Con lágrimas contenidas, tomó la mano de su padre.
—Papá... por favor.
Déjalo intentarlo.
Richard cerró los ojos.
Escuchar aquella súplica le rompía el corazón.
Cuando volvió a mirar a Mateo, descubrió algo extraño.
El muchacho no parecía emocionado.
Ni nervioso.
Solo transmitía una tranquilidad difícil de explicar.
Como si supiera algo que los demás ignoraban.
Richard dio medio paso hacia él.
—¿Y cómo piensas hacer que vuelva a caminar?
Mateo no respondió enseguida.
Miró el viejo estadio.
Después observó el césped.
Finalmente volvió a mirar a Emma.
May you like
Y sonrió con una mezcla de tristeza y esperanza.
—Porque alguien hizo exactamente lo mismo por mí hace muchos años.