Capítulo 1: El pastel que Margaret quería destruir

La villa Hale estaba iluminada por una luz cálida y elegante aquella noche.
Los candelabros reflejaban destellos dorados sobre el suelo de mármol. La mesa del comedor estaba preparada con copas de cristal, porcelana fina y un pequeño arreglo de flores blancas.
En el centro había un pastel.
No era grande.
Tampoco había sido encargado a una pastelería famosa.
Emily lo había preparado durante toda la tarde.
Era su aniversario con Daniel.
Había intentado copiar el mismo pastel de vainilla que compartieron en su primera cita.
Mientras ajustaba una pequeña decoración, escuchó pasos detrás de ella.
Margaret apareció.
Vestía una blusa de seda color borgoña, pantalones marfil y pendientes de perlas.
Miró el pastel.
Después a Emily.
—¿Qué es eso?
Emily sonrió con timidez.
—Es nuestro aniversario.
Margaret arqueó una ceja.
—¿Aquí?
—Daniel dijo que cenaríamos en casa.
Margaret soltó una pequeña risa.
—Si quería celebrar algo, debió hacerlo en otra casa.
Antes de que Emily pudiera reaccionar, Margaret extendió el brazo.
Empujó el pastel.
El plato golpeó el borde de la mesa.
Después cayó.
El pastel se estrelló contra el mármol.
La crema blanca se extendió por el suelo.
Emily quedó inmóvil.
—¿Por qué hiciste eso?
Margaret la miró con absoluta tranquilidad.
—Porque alguien tiene que enseñarte que decorar una mesa no te convierte en parte de esta familia.
Emily se arrodilló.
Comenzó a recoger los pedazos.
La crema se pegó a sus dedos y manchó la parte inferior de su vestido azul.
—Era para Daniel.
Margaret permaneció sobre ella.
—Entonces aprenderás a hacerlo de nuevo.
Emily bajó la cabeza.
Intentó no llorar.
Había soportado años de comentarios.
Sobre su origen.
Su familia.
Su forma de vestir.
Su trabajo.
Pero aquella noche sentía que Margaret no estaba destruyendo un pastel.
Estaba destruyendo deliberadamente algo que Emily había preparado con amor.
Entonces se abrió la puerta principal.
Daniel entró sosteniendo una pequeña bolsa de regalo.
—Emily, feliz aniversario…
Se detuvo.
Su sonrisa desapareció.
Vio a Emily de rodillas.
La crema en su vestido.
El pastel destruido.
Margaret de pie.
—¿Qué pasó aquí?
Emily levantó los ojos.
No respondió.
Margaret sí.
—Solo era un pastel.
Daniel dejó la bolsa sobre la mesa.
Caminó hasta Emily y la ayudó a levantarse.
Después miró a su madre.
—No.
Su voz era tranquila.
—Era su esfuerzo. Y lo destruiste.
Margaret cruzó los brazos.
—No vas a exagerar por esto.
Daniel metió la mano dentro de su chaqueta.
Sacó un sobre estrecho.
Dentro había dos boletos de avión.
Se los entregó a Emily.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Qué es esto?
—Nos vamos esta noche.
Margaret dejó de sonreír.
—¿Adónde?
Daniel la miró.
—Al lugar donde papá dejó la verdad.
Margaret dio un pequeño paso hacia él.
—No.
Emily abrió ligeramente el sobre.
Detrás de los boletos había una hoja doblada.
Margaret perdió el color del rostro.
—Daniel, no necesitas llevarla allí.
Él la observó.
—Eso es exactamente lo que papá dijo que dirías.
Emily empezó a sacar el papel.
—Daniel… ¿qué es esto?
Él miró primero a su esposa.
Después a Margaret.
—La razón por la que ella quería destruir mucho más que un pastel.
Margaret dejó escapar una respiración temblorosa.
Emily abrió la hoja.
Solo alcanzó a leer tres palabras:
“Para Emily Bennett…”
Ese era su apellido antes de casarse.
Y debajo aparecía una firma.
Richard Hale.
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El padre de Daniel.
Muerto hacía ocho años.