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Capítulo 2: La noche que Isabel Romero desapareció de Madrid

Elena no se movió.

—Quiero una respuesta.

Mercedes recogió lentamente su bolso.

—No hay nada que explicar.

Javier soltó una respiración amarga.

—Después de tantos años sigues diciendo lo mismo.

Álvaro miró a su madre.

—¿De qué está hablando?

—De nada.

—Mamá.

—Álvaro, no te metas.

Él abrió los ojos.

—¿Cómo que no me meta? Acaba de pronunciar tu nombre después de hablar de la madre de Elena.

Mercedes se levantó.

—Nos vamos.

Elena se interpuso.

—No.

Mercedes la miró con frialdad.

—Apártate.

—Primero me explica cómo conocía a mi madre.

—No la conocía.

Javier respondió:

—Eso es mentira.

El restaurante se volvió todavía más silencioso.

Mercedes giró hacia él.

—Javier.

—¿Qué?

—Piensa bien lo que vas a decir.

El chef la observó durante unos segundos.

—Llevo más de treinta años pensándolo.

Elena sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Treinta años?

Javier le devolvió lentamente el colgante.

—Tu madre era muy joven cuando llegó aquí.

Elena lo tomó.

—¿Cuántos años tenía?

—Veintitrés.

Elena hizo cuentas mentalmente.

—Eso fue antes de que yo naciera.

Javier asintió.

—Sí.

—¿Cuánto tiempo trabajó aquí?

El chef miró a Mercedes.

—Casi un año.

Elena negó.

—No puede ser.

—Lo fue.

—Mi madre decía que entonces vivía con sus padres en Toledo.

—Vivía en Madrid.

—¿Dónde?

Javier no respondió.

—¿Aquí cerca?

—Sí.

Elena comenzó a sentirse mareada.

Álvaro miró a su madre.

—¿Tú también estabas en Madrid entonces?

Mercedes apretó los labios.

—Claro que estaba.

—¿Y conocías a Isabel?

—No.

Javier intervino:

—La conocías perfectamente.

Mercedes golpeó suavemente la mesa con los dedos.

—Basta.

Álvaro la miró.

—¿Por qué estás tan nerviosa?

—No estoy nerviosa.

—Sí lo estás.

Elena levantó el colgante.

—¿Reconoce esto?

Mercedes no respondió.

—Mírelo.

—No tengo por qué.

—Porque usted también lo había visto antes.

Mercedes permaneció callada.

Javier habló:

—Lo había visto muchas veces.

Elena giró hacia él.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque Isabel lo llevaba cada noche.

—¿Se lo regaló alguien?

El chef dudó.

—Sí.

—¿Quién?

Mercedes intervino rápidamente.

—No.

Elena la miró.

—¿No qué?

—No tienes derecho a remover cosas que ocurrieron antes de que nacieras.

Elena dejó escapar una risa incrédula.

—¿Mi propia madre no es asunto mío?

—No sabes lo que preguntas.

—Entonces explíquemelo.

Mercedes negó.

Javier observó a Elena.

—Tu madre llegó a este restaurante buscando trabajo.

—¿Y usted la contrató?

—Yo todavía no era chef ejecutivo. Pero trabajábamos juntos.

—¿Era camarera?

—Al principio.

—¿Y después?

Javier guardó silencio.

Elena notó que Mercedes volvía a tensarse.

—¿Qué ocurrió?

—Isabel empezó a pasar mucho tiempo con alguien.

Álvaro miró a su madre.

—¿Quién?

Mercedes respondió:

—No importa.

Javier negó.

—Importó demasiado.

Elena apretó el colgante.

—¿Era mi padre?

Nadie contestó.

El silencio la golpeó.

—¿Era mi padre?

Javier la miró con tristeza.

—No puedo responderte eso todavía.

Elena dio un paso atrás.

—¿Por qué todo el mundo dice “todavía”?

—Porque la historia no termina donde tú crees.

Álvaro parecía perdido.

—¿Qué demonios significa eso?

Javier volvió a mirar a Mercedes.

—Significa que la última noche que Isabel trabajó aquí cambió la vida de varias personas.

Elena sintió un escalofrío.

—¿Qué pasó esa noche?

El viejo chef respiró profundamente.

—El restaurante estaba a punto de cerrar.

—¿Y?

—Isabel no estaba trabajando.

—Pero acaba de decir que era su última noche.

—Lo era.

—Entonces ¿dónde estaba?

Javier miró hacia una puerta discreta junto al fondo del comedor.

—En el reservado antiguo.

Mercedes bajó los ojos.

Elena lo vio.

—Usted estuvo allí.

Mercedes no respondió.

—¿La encontró usted?

Javier cerró los ojos.

Mercedes habló:

—No sabes de qué estás hablando.

Elena se acercó.

—Javier sí lo sabe.

Mercedes giró hacia el chef.

—Si dices lo que ocurrió, vas a hacer daño a demasiada gente.

—El daño ya está hecho.

—No.

—Isabel perdió toda una vida por aquel silencio.

Elena palideció.

—¿Perdió qué?

Javier no contestó.

Álvaro intervino:

—Mamá, dime qué pasó.

Mercedes apretó las manos.

—No quiero hablar de esto.

—¿Por qué?

—Porque no te incumbe.

Álvaro soltó una risa amarga.

—Cuando estabas humillando a mi mujer hace diez minutos sí parecía que todo te incumbía.

Mercedes lo miró sorprendida.

Era la primera vez que él se enfrentaba a ella aquella noche.

Elena también lo notó, aunque no respondió.

Javier continuó:

—Aquella noche Mercedes entró en el reservado.

—¿Y encontró a mi madre?

—Sí.

—¿Sola?

Silencio.

Elena sintió que estaba cerca.

—No estaba sola.

Javier negó lentamente.

—No.

Mercedes cerró los ojos.

—Javier.

—¿Con quién estaba?

El chef miró a Elena.

—Con un hombre.

—¿Quién?

No respondió.

—¿Mi padre?

Mercedes dio un paso.

—¡No!

Todos la miraron.

Su reacción fue demasiado intensa.

Elena sintió frío.

—Entonces no era mi padre.

Mercedes se dio cuenta de su error.

—Yo no he dicho eso.

—Pero acaba de reaccionar como si supiera exactamente quién era.

Javier bajó la voz.

—Porque lo sabe.

Álvaro miró a su madre.

—¿Quién era?

Mercedes negó.

—No voy a participar en esto.

Intentó marcharse.

Javier habló:

—Si te vas ahora, confirmarás mucho más de lo que crees.

Ella se detuvo.

Elena observó el rostro de la mujer que durante años la había tratado como si su familia no fuera suficientemente buena.

Ahora parecía asustada de esa misma familia.

—¿Por qué me ha despreciado siempre?

Mercedes volvió lentamente.

—Eso no tiene nada que ver.

—Creo que sí.

—No.

—¿Era por mi madre?

Silencio.

—¿Sabía quién era yo desde el primer día?

Mercedes no respondió.

Álvaro miró a Elena.

Luego a su madre.

—¿Tú sabías quién era Elena antes de que yo la conociera?

Mercedes reaccionó de inmediato.

—No.

Javier permaneció callado.

Álvaro lo vio.

—¿Está mintiendo?

El chef no contestó.

—Javier.

—No puedo saber lo que Mercedes sabía hace cinco años.

—Pero sabe lo que sabía hace treinta.

—Sí.

Mercedes se volvió hacia él.

—Cállate.

Elena sostuvo el colgante.

—¿Este collar pertenecía al hombre que estaba con mi madre?

Javier miró la joya.

—No.

—¿Entonces?

El chef respiró.

—Era de Isabel.

—¿Siempre?

—No.

Elena frunció el ceño.

—¿Quién se lo dio?

Javier volvió a mirar a Mercedes.

—Él.

Elena dejó de respirar.

—El hombre del reservado.

—Sí.

Mercedes se sentó lentamente.

Parecía haberse rendido.

Elena preguntó:

—¿Y qué ocurrió después?

Javier bajó la voz.

—Mercedes los encontró juntos.

—¿Haciendo qué?

—Hablando.

—¿De qué?

—De marcharse.

Elena abrió los ojos.

—¿Mi madre quería marcharse con él?

El chef asintió apenas.

—Eso parecía.

—¿Adónde?

—Fuera de Madrid.

—¿Por qué?

—Porque algo había ocurrido.

—¿Qué?

Javier tardó.

—Isabel había descubierto una verdad que hacía imposible que siguiera trabajando aquí como si nada.

Elena sintió que las piernas le temblaban.

—¿Qué verdad?

Mercedes habló por fin.

—No tienes que saberlo.

Elena la miró.

—Llevo toda mi vida creyendo una historia falsa sobre mi madre. No vuelva a decirme lo que tengo que saber.

Mercedes bajó la mirada.

Javier dio un paso hacia Elena.

—Hay otra cosa.

—¿Qué?

—Tu madre no abandonó Madrid inmediatamente.

—¿Entonces?

—Desapareció durante varios días.

—¿Dónde estuvo?

—Nadie lo supo.

—¿Y luego?

—Regresó.

Elena frunció el ceño.

—¿Aquí?

—Sí.

—¿Para trabajar?

—No.

—¿Entonces?

Javier señaló el colgante.

—Para recuperar eso.

Elena lo miró.

—¿Por qué lo había dejado?

—Porque aquella noche alguien se lo quitó.

Los ojos de Elena fueron inmediatamente hacia Mercedes.

La mujer mayor no respondió.

—¿Usted?

Mercedes levantó la cabeza.

—No fue así.

Elena quedó inmóvil.

—Entonces sí fue usted.

—Intentaba evitar algo peor.

—¿Qué?

Mercedes no respondió.

Javier apretó la mandíbula.

—Isabel volvió a buscar el colgante y a preguntar por aquel hombre.

—¿Dónde estaba él?

El chef cerró los ojos.

—Ya no estaba.

—¿Se fue?

—Eso dijeron.

—¿Quiénes?

Javier volvió a mirar a Mercedes.

Elena sintió rabia.

—¿Ella?

—No solamente ella.

—¿Entonces quién más?

Javier respondió:

—La familia Castillo.

Álvaro abrió los ojos.

—¿Mi familia?

Elena giró hacia su marido.

Después hacia Mercedes.

—¿Qué tenía vuestra familia que ver con mi madre?

Mercedes permaneció en silencio.

Álvaro la miró.

—Mamá.

Nada.

—¿Qué hizo nuestra familia?

—No fue así.

—¿Qué no fue así?

Mercedes comenzaba a perder el control.

—Todo ocurrió demasiado rápido.

Javier respondió:

—No tan rápido. Hubo tiempo suficiente para mentirle a Isabel.

—¡Cállate!

El restaurante volvió a quedar en silencio.

Álvaro palideció.

Elena sintió que algo enorme estaba a punto de salir a la luz.

—¿Sobre qué le mintieron?

Mercedes no respondió.

Javier sostuvo la mirada de Elena.

—Sobre el hombre con el que estaba aquella noche.

—¿Qué le dijeron?

—Que había decidido marcharse sin ella.

Elena tragó saliva.

—¿Y era verdad?

Javier negó.

—No lo sé.

—Pero sospecha que no.

—Sí.

Elena cerró los ojos.

—¿Mi madre creyó que la había abandonado?

—Sí.

—¿Y después se fue de Madrid?

—Sí.

—¿Embarazada?

Javier quedó completamente inmóvil.

Mercedes levantó bruscamente la cabeza.

Álvaro miró a uno y otro.

Elena sintió cómo todo se detenía.

—Conteste.

Javier no pudo.

—¿Mi madre estaba embarazada cuando dejó Madrid?

Mercedes se puso de pie.

—Basta.

Elena la miró.

—Ahora entiendo.

—No entiendes nada.

—Entonces explíquelo.

Mercedes negó.

Javier dio otro paso.

—Elena...

Ella volvió hacia él.

—¿Qué?

El chef parecía estar tomando una decisión.

—La última noche que Isabel trabajó aquí, Mercedes fue quien la encontró en el reservado con un hombre.

—Lo sé.

—Pero lo que todavía no sabes es quién era él.

Elena apretó el colgante.

—Dígamelo.

Mercedes se acercó.

—No lo hagas.

Javier la miró.

—Treinta años son suficientes.

Álvaro habló:

—¿Quién era?

El chef no apartó los ojos de Elena.

—Porque la última noche que Isabel trabajó aquí, tu suegra fue quien la encontró con tu verdadero...

Mercedes palideció.

Elena dejó de respirar.

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Javier abrió la boca para pronunciar la palabra que podía cambiar toda la historia de su familia.

Y justo allí, la verdad quedó interrumpida.

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