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Capítulo 2: Los resultados que Rafael no quería explicar en el vestíbulo

Lucía sostuvo la mirada de su padre.

—¿Qué resultados?

Rafael señaló discretamente hacia una zona más privada del hospital.

—Vamos a mi despacho.

—No.

Él frunció el ceño.

—Lucía...

—Dímelo aquí.

—No es el lugar.

—Papá, si me dices que han llegado unos resultados y después te callas, voy a pensar lo peor.

Rafael suavizó la expresión.

—No quiero que pienses nada todavía.

Javier dio un paso.

—Yo también tengo derecho a saber.

Rafael lo miró.

—Ahora mismo la persona que importa es ella.

Javier apretó la mandíbula.

—También es mi hijo.

Lucía giró hacia él.

—Hace cinco minutos te molestaba que mi embarazo “girara alrededor de mí”.

Javier guardó silencio.

Mercedes habló:

—Lucía, no es momento de utilizar una discusión de pareja contra Javier.

Rafael respondió antes que su hija.

—Tiene razón.

Mercedes pareció satisfecha.

Pero él continuó:

—No es momento de hablar de Javier en absoluto.

La mujer quedó inmóvil.

Lucía miró a su padre.

—Papá, basta.

—Lo siento.

—Solo dime si el bebé está bien.

Rafael no contestó de inmediato.

El silencio empezó a pesar.

Lucía llevó ambas manos hacia el vientre.

—¿Por qué no respondes?

—Porque no quiero darte una conclusión antes de explicarte lo que sabemos.

—¿Eso significa que hay un problema?

—Significa que necesitamos hablar con calma.

Javier intervino:

—¿Pero es grave?

Rafael respiró.

—No voy a discutir información médica en medio de un vestíbulo.

Lucía lo observó.

—Nunca me hablas así.

Rafael bajó un poco la voz.

—Porque normalmente no tengo que hablar como médico y como padre al mismo tiempo.

Aquella frase la golpeó.

—Entonces sí es algo importante.

—Lucía...

—Lo es.

Rafael no respondió.

Ella tragó saliva.

—¿Tiene que ver conmigo?

—En parte.

—¿Con el bebé?

Silencio.

Javier se acercó.

—Rafael.

El médico giró.

—Doctor Ferrer para ti.

Javier retrocedió ligeramente.

Mercedes lo miró sorprendida.

Rafael volvió hacia la recepción.

—Llame al director médico.

La recepcionista levantó la vista.

—¿Ahora?

—Ahora.

Javier frunció el ceño.

—¿Para qué necesita al director?

Rafael no respondió.

—¿Qué tiene que ver todo esto con él?

Mercedes intervino:

—Esto empieza a parecer desproporcionado.

Rafael giró hacia ella.

—Precisamente porque es un asunto familiar quiero que todo se haga correctamente.

Lucía abrió los ojos.

—¿Correctamente?

—Sí.

—¿Ha ocurrido algo con mis pruebas?

Rafael negó.

—No exactamente.

—¿Entonces con qué?

Él miró hacia el pasillo.

—Con cómo se interpretaron algunas cosas.

Lucía sintió un nuevo miedo.

—No entiendo.

—Lo sé.

—¿Hubo un error?

Rafael volvió a callar.

Javier empezó a perder paciencia.

—Mire, yo necesito saber qué está pasando con mi mujer y mi hijo.

Lucía giró inmediatamente.

—Ahora sí.

Javier la miró.

—¿Qué significa eso?

—Que ahora sí te preocupa.

—Siempre me ha preocupado.

—No parecía.

Mercedes intervino:

—Esto es absurdo.

Lucía se volvió hacia ella.

—No. Absurdo era decirme hace diez minutos que estaba llamando la atención.

Mercedes permaneció callada.

Rafael observó a su hija.

—Lucía.

Ella respiró.

—Perdón.

—No tienes que pedirme perdón.

Rafael acercó una silla.

—Siéntate.

Lucía negó.

—Prefiero estar de pie.

—Está bien.

La recepcionista colgó el teléfono.

—El director viene de camino.

Rafael asintió.

Javier lo miró.

—¿Quién es usted exactamente en este hospital?

Rafael levantó lentamente los ojos.

—Ahora mismo, su suegro.

—No me refería a eso.

—Ya lo sé.

Lucía sintió que Javier estaba intentando recuperar el control de una situación que ya no comprendía.

—Javier, déjalo.

Él la miró.

—Solo intento entender.

—Yo también.

Rafael tomó aire.

—Por eso quiero que esperemos unos minutos.

Lucía se quedó quieta.

—¿Tú sabías los resultados desde esta mañana?

—Sí.

—¿Y no me llamaste tú?

—No podía hacerlo hasta confirmar una cosa.

—¿Qué cosa?

Rafael no respondió.

—Papá.

—Lucía...

—¿Qué estabas confirmando?

El médico miró a su hija.

Después al vientre.

—Que lo que vimos era realmente lo que parecía.

Javier preguntó:

—¿Y lo era?

Rafael no apartó los ojos de Lucía.

—En parte.

Ella sintió que las piernas se le debilitaban.

Su padre lo notó.

—Siéntate.

Esta vez Lucía obedeció.

Javier dio un paso hacia ella, pero Rafael fue quien acercó primero la silla.

Mercedes observó la escena con una incomodidad creciente.

—¿Por qué nadie puede decir claramente qué ocurre?

Rafael respondió:

—Porque una frase mal explicada puede asustar innecesariamente a alguien.

Lucía levantó la mirada.

—Ya estoy asustada.

Aquello hizo que Rafael cambiara.

Su dureza desapareció.

Se agachó ligeramente frente a ella.

—Lo sé, hija.

—Entonces háblame.

Rafael tomó su mano.

—Hay una parte que primero necesito explicarte como médico.

—¿Y la otra?

Él guardó silencio.

Lucía lo notó.

—¿Hay otra parte?

Rafael asintió apenas.

—Sí.

—¿Cuál?

—Una que no esperaba encontrar.

Javier frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Rafael se puso de pie.

—Que esto no consiste únicamente en unos resultados.

Lucía sintió que el miedo se transformaba en confusión.

—¿Entonces en qué?

El ascensor volvió a sonar.

Ding.

Un hombre con bata blanca salió acompañado por una mujer que llevaba una carpeta clínica cerrada.

Rafael los miró.

Su expresión confirmó que eran las personas a las que estaba esperando.

Javier también lo entendió.

—¿Ellos saben lo que pasa?

Rafael respondió:

—Sí.

Lucía levantó lentamente la cabeza.

—Papá.

—¿Sí?

—No quiero que nadie me diga nada antes que tú.

Rafael la miró.

Aquella petición pareció afectarle.

—De acuerdo.

El otro médico se quedó a unos metros.

No intervino.

Rafael tomó aire.

—Esta mañana recibimos los resultados de una prueba que pedimos hace unos días.

Lucía asintió.

—Sí.

—Al principio pensamos que era una lectura normal.

—¿Y luego?

—Algo no coincidía.

Javier preguntó:

—¿Con qué?

Rafael lo ignoró.

Lucía apretó la mano sobre su vientre.

—¿Con el bebé?

Rafael se quedó en silencio.

—Papá.

Él bajó lentamente la mirada hacia ella.

—Sí.

Lucía palideció.

Javier también.

Mercedes dejó de moverse.

Rafael se apresuró a añadir:

—Eso no significa necesariamente lo que estás pensando.

—¿Entonces qué significa?

Rafael miró brevemente al otro médico.

Después volvió a su hija.

—Que tuvimos que repetir una comprobación.

—¿Y?

—El segundo resultado confirmó que había algo que necesitábamos estudiar con más atención.

Lucía respiró con dificultad.

—¿Qué cosa?

Rafael tomó de nuevo su mano.

—No puedo resumirlo en una palabra.

—Inténtalo.

—Lucía...

—Papá, por favor.

Rafael sostuvo su mirada.

El ruido del hospital pareció desaparecer.

Javier estaba completamente callado.

Mercedes también.

Rafael finalmente habló:

—Que esta mañana recibimos los resultados y descubrimos que el bebé...

Lucía dejó de respirar.

El médico hizo una pausa.

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Parecía estar a punto de decir la única palabra que todos esperaban.

Y justo allí, antes de que pudiera hacerlo, la verdad quedó suspendida.

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