Capítulo 2: Trece Años Perdidos

Cuando Anna apareció en el parque, el tiempo pareció detenerse.
La misma bufanda de Praga.
Los mismos ojos.
La misma emoción contenida.
Durante varios segundos ninguno fue capaz de hablar.
Trece años de silencio eran demasiado pesados.
Pero Chloe, sin saberlo, había derribado en una tarde el muro que ambos habían construido durante más de una década.
Mark fue trasladado al hospital.
Anna permaneció a su lado.
Y por primera vez desde su separación, pudieron hablar sin orgullo.
Sin reproches.
Sin mentiras.
Solo con sinceridad.
Mark confesó cuánto se había arrepentido.
Anna admitió que había esperado una llamada que nunca llegó.
Los días se transformaron en largas conversaciones.
Recordaron Praga.
Los sueños que compartieron.
Las promesas que dejaron atrás.
También hablaron del dolor.
Del miedo.
De los años perdidos.
Y poco a poco descubrieron algo inesperado.
El amor nunca había desaparecido.
Solo había permanecido dormido bajo una montaña de heridas.
Mientras tanto, Chloe observaba todo con una mezcla de diversión y satisfacción.
Porque para ella la solución era evidente.
Dos personas que se amaban debían dejar de comportarse como extraños.
Una tarde incluso les dijo:
—Si vuelven a pelear por orgullo, les voy a quitar los teléfonos.
Anna y Mark terminaron riendo.
Y aquella risa fue el primer sonido de felicidad compartida en mucho tiempo.
Pero aún quedaba algo pendiente.
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Algo que había esperado trece años.
El anillo de esmeralda.