CAPÍTULO 3: EL GOLPE QUE PUSO FIN AL MATRIMONIO ANTES DE COMENZAR

El padre dio un paso al frente.
Muy despacio.
Con una calma que resultaba mucho más aterradora que cualquier grito.
Emma comprendió inmediatamente lo que iba a ocurrir.
Intentó sujetarlo del brazo.
—Papá… no…
Pero él ya había tomado una decisión.
La colocó suavemente detrás de él.
Como cuando era una niña y él la protegía antes de cruzar la calle.
El joven esposo seguía sonriendo.
Convencido de que nadie se atrevería a enfrentarlo delante de tantos invitados.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó con desprecio.
El padre no respondió.
Solo avanzó.
Los invitados comenzaron a retroceder para dejar espacio.
Nadie quería quedar en medio.
Todo ocurrió en un segundo.
El padre impulsó su cuerpo hacia adelante y lanzó una poderosa patada directa al pecho del joven.
El impacto lo levantó del suelo.
El novio cayó de espaldas sobre el mármol y resbaló varios metros entre las mesas.
Las copas vibraron.
Algunas mujeres gritaron.
Nadie podía creer lo que acababa de pasar.
El padre ni siquiera volvió a mirarlo.
Se dio la vuelta inmediatamente.
Regresó junto a Emma.
La abrazó con ambos brazos.
Una mano protegía la parte posterior de su cabeza.
La otra rodeaba su espalda.
Emma rompió a llorar apoyando el rostro sobre el pecho de su padre.
Por primera vez desde que comenzó aquel día…
se sintió segura.
Detrás de ellos, el joven esposo seguía tendido en el suelo, incapaz de comprender cómo había perdido el control de la situación.
El padre levantó lentamente la mirada.
Sus ojos se encontraron con los del hombre que acababa de golpear a su hija.
Y habló con una serenidad que heló la sangre de todos los presentes.
—Hoy no has perdido una pelea.
Has perdido a tu esposa… y todo el futuro que creías tener con ella.
Nadie volvió a aplaudir aquella boda.
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Porque todos comprendieron que el verdadero matrimonio había terminado…
antes incluso de empezar.