CAPÍTULO 2: El Precio de la Bondad

Jake abrió la mano lentamente.
Todos sus ahorros descansaban sobre la palma.
Los colocó con suavidad sobre la mano temblorosa del anciano.
—Podrá volver a casa.
Frank Dawson levantó lentamente la cabeza.
Sus ojos cansados se humedecieron.
Durante unos segundos fue incapaz de hablar.
Finalmente sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Humilde.
Sincera.
—Gracias, hijo.
Jake simplemente respondió con otra sonrisa.
No necesitaba agradecimientos.
Para él, ayudar era algo natural.
Pero aquella escena no agradó al gerente.
Mr. Collins caminó con paso firme hasta quedar frente al muchacho.
—Tú vas a pagar por eso.
Jake asintió.
—Lo sé.
El gerente respiró con rabia.
—Estás despedido.
Toda la gasolinera quedó en silencio.
Algunos clientes comenzaron a murmurar.
Un hombre negó con la cabeza.
Una mujer grabó discretamente con su teléfono.
Otros simplemente pensaron que Jake era un chico ingenuo que había cometido el peor error de su vida.
Jake bajó la mirada.
No respondió.
Sabía que acababa de perder el único ingreso que tenía.
Sin embargo, no se arrepentía.
Mientras tanto, Frank guardó cuidadosamente el dinero dentro del bolsillo interior de su vieja chaqueta.
Después sacó un teléfono móvil.
No era un aparato viejo.
Era uno de los modelos más exclusivos del mercado.
Jake frunció ligeramente el ceño.
Aquello no tenía sentido.
Frank marcó un número.
Esperó apenas unos segundos.
Y habló con una serenidad que nadie esperaba.
—Envíen a todos aquí…
Hizo una pausa.
—Ahora mismo.
El gerente soltó una risa burlona.
—¿A quién cree que va a llamar?
Frank simplemente guardó silencio.
Su expresión cambió por completo.
Ya no parecía un anciano indefenso.
Parecía alguien acostumbrado a dar órdenes.
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Y entonces...
A lo lejos comenzaron a escucharse varios motores.