Capítulo 1: La Advertencia de una Niña en Medio del Centro Comercial Reveló que su Juguete Escondía Algo Aterrador

El centro comercial estaba lleno aquella tarde.
Familias caminaban entre las tiendas, adolescentes se detenían frente a los escaparates y el sonido de las conversaciones se mezclaba con la música ambiental.
Hannah Brooks avanzaba de la mano de su hija Mia.
La niña tenía siete años, llevaba un lazo rosado en el cabello y abrazaba contra el pecho un viejo oso de peluche que había encontrado esa misma mañana junto a una banca del estacionamiento.
—Podemos entregarlo en objetos perdidos —había dicho Hannah.
Pero Mia se encariñó rápidamente con él.
—Solo hasta que aparezca su dueño, mamá.
Hannah aceptó.
Sin embargo, desde que entraron al centro comercial, Mia parecía inquieta.
Miraba constantemente hacia atrás.
Apretaba el oso con demasiada fuerza.
Y cada vez que se detenían frente a una tienda, la niña buscaba a alguien entre la multitud.
—¿Qué ocurre? —preguntó Hannah.
Mia negó con la cabeza.
—Nada.
Pero pocos minutos después, la niña vio a un hombre con gorra negra parado frente a una cafetería.
No compraba nada.
No miraba el menú.
Solo las observaba.
Mia tomó con fuerza la mano de su madre.
—¡Mamá, rápido! Ven conmigo.
La arrastró hacia una tienda de ropa y entró en uno de los probadores.
Hannah cerró la cortina.
—Mia, me estás asustando.
La niña colocó el oso sobre el banco y señaló una costura suelta en su espalda.
—Escuché algo dentro cuando lo abracé.
Con dedos temblorosos, separó lentamente la tela.
Un pequeño objeto negro cayó sobre la palma de Hannah.
No era una pieza del juguete.
Era una cámara diminuta.
Tenía una pequeña luz parpadeando.
Hannah sintió que la sangre se le helaba.
—¿Dónde encontraste exactamente este oso?
—Junto a nuestro coche.
La madre levantó la mirada.
Entonces escucharon pasos detenerse al otro lado de la cortina.
Mia se acercó a ella.
—Mamá…
Una sombra apareció bajo la tela del probador.
Y una voz masculina habló desde fuera.
—Entréguenme ese oso.
Hannah abrazó a su hija y comprendió que el juguete no había sido abandonado por accidente.
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Alguien lo había colocado cerca de ellas.
Y ahora había venido a recuperarlo.