Capítulo 2: El Sueño Que Parecía Imposible

Al día siguiente, Victor Sterling visitó personalmente la pequeña casa donde vivían Lily y Maria.
La vivienda era modesta.
Las paredes mostraban el paso del tiempo.
El techo necesitaba reparaciones.
Pero en una esquina del salón había algo especial.
Un viejo piano vertical.
Desgastado.
Rayado.
Con varias teclas dañadas.
Victor se quedó observándolo.
—¿Practicas aquí?
Lily asintió.
—Todos los días.
Victor pasó la mano sobre la madera envejecida.
No podía creer que el talento que había escuchado naciera de aquel instrumento.
Durante semanas organizó audiciones privadas.
Profesores de música.
Directores de conservatorios.
Pianistas famosos.
Todos llegaron a la misma conclusión.
Lily era extraordinaria.
Pronto recibió una beca completa para una de las academias musicales más prestigiosas del país.
Pero el cambio no fue fácil.
Muchos estudiantes ricos se burlaban de ella.
—La niña pobre del vestido azul —decían.
Lily escuchaba los comentarios.
Y seguía practicando.
Horas.
Días.
Meses.
Porque había aprendido algo importante de su madre.
Las personas pueden ignorar tus palabras.
Pero no pueden ignorar tu talento.
Un año después llegó la competencia nacional de jóvenes pianistas.
Los mejores estudiantes del país participaron.
Miles de personas asistieron.
Y cuando Lily subió al escenario, algunos todavía dudaban de ella.
Entonces comenzó a tocar.
Al terminar, todo el auditorio se puso de pie.
Los jueces le otorgaron el primer lugar por unanimidad.
Aquella noche su nombre apareció en periódicos, programas de televisión y revistas especializadas.
Pero para Lily, la verdadera victoria llegó al regresar a casa.
Porque encontró a Maria llorando frente al viejo piano.
—¿Por qué lloras? —preguntó.
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Su madre sonrió.
—Porque hoy el mundo escuchó lo que yo siempre escuché cuando eras pequeña.