Capítulo 2: El Secuestro Y La Traición

Las luces rojas de emergencia bañaban el salón como sangre.
Julian gritó órdenes desesperadas.
—¡Cierren las puertas! ¡Bloqueen las salidas! ¡Encuentren a mi hijo!
Pero Leo ya no estaba.
La investigación comenzó de inmediato.
Las cámaras de seguridad mostraron a una figura vestida con uniformes médicos azules llevando al niño hacia una camioneta sin placas.
Todas las miradas se volvieron hacia Sarah.
Parecía una trampa perfecta.
La madre desaparecida.
La mujer acusada de locura.
El niño secuestrado.
Pero en el laboratorio forense apareció la primera grieta en la mentira.
Las huellas en la puerta lateral no pertenecían a Sarah.
Pertenecían a Arthur Vanguard.
El hermano menor de Julian.
El hombre que siempre había fingido lealtad absoluta.
Julian sintió que el mundo se rompía bajo sus pies.
Arthur había protegido a Sarah en secreto durante años.
Pero no era el verdadero enemigo.
Solo intentaba mantenerla viva hasta reunir pruebas.
Entonces Julian recibió una llamada anónima.
La pantalla mostró a Leo encerrado dentro del viejo mausoleo familiar.
Detrás del niño brillaba un contador digital.
Sesenta segundos.
Julian corrió como nunca antes.
Llegó al mausoleo justo cuando el contador marcó cero.
Pero no hubo explosión.
Solo una puerta abierta.
Y Leo, temblando, con un viejo diario de cuero entre los brazos.
Dentro del diario estaban los documentos que lo cambiarían todo.
El informe oficial decía que Sarah había sido declarada con muerte cerebral después del accidente.
Julian comprendió entonces que también había sido engañado.
Pero en el compartimento oculto del diario apareció la verdad final.
Un contrato secreto.
Firmado por el médico forense.
Y por Victoria, la prometida actual de Julian.
Victoria había pagado para falsificar la muerte de Sarah, encerrarla en una institución remota y abrirse paso hacia la fortuna Vanguard.
Cuando Julian fue a confrontarla, Victoria lo atropelló con su automóvil y huyó.
Minutos después, la policía arrestó al propio Julian.
Victoria había preparado otra trampa.
Documentos falsos lo acusaban de haber robado la herencia de Sarah y de planear su desaparición.
El mundo entero lo señaló como monstruo.
Pero Sarah no se rindió.
Entró en la comisaría con un microchip recuperado del antiguo accidente.
La grabación probaba que los frenos del coche de Sarah habían sido saboteados por una tecnología registrada a nombre de la empresa de Victoria.
Julian no había provocado el accidente.
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Victoria sí.
Y ahora, acorralada, decidió destruirlo todo.