PARTE 2 — «DETECTIVE… ELLA CAYÓ EN LA TRAMPA»

Claire permaneció inmóvil sobre el mármol.
El dolor era real.
La caída también.
Eso nunca había formado parte del plan.
Durante unos segundos sintió miedo de haber ido demasiado lejos.
Pero entonces oyó los pasos de Margaret acercándose lentamente.
Tac.
Tac.
Tac.
Los tacones resonaban por el vestíbulo.
—Mírate —murmuró Margaret.
Claire cerró los ojos.
—Daniel debería haberme escuchado desde el principio.
Claire los abrió de nuevo.
Aquella frase era importante.
—¿Sobre qué?
Margaret se detuvo.
—No intentes hacerte la lista conmigo.
—Solo quiero saber por qué me odia tanto.
—No te odio.
La respuesta sorprendió a Claire.
Margaret bajó el último escalón.
—Simplemente eres un problema que nunca debería haber entrado en nuestras vidas.
Claire respiró lentamente.
—Daniel no pensaba eso.
El rostro de Margaret se endureció.
—Daniel dejó de pensar con claridad cuando te conoció.
—¿Y por eso discutieron antes de que muriera?
Silencio.
Margaret la miró.
Claire supo inmediatamente que había acertado.
—¿Qué te contó?
—Más de lo que usted cree.
Era mentira.
Pero Margaret no podía saberlo.
—¿Te habló de los documentos?
Claire sintió un escalofrío.
Documentos.
Hasta ese instante nadie había confirmado que realmente existieran.
—Sí —mintió Claire.
Margaret palideció.
—Entonces cometió un error.
—¿Qué contenían?
Margaret se dio cuenta demasiado tarde.
Sus labios se cerraron.
Claire dejó escapar una respiración temblorosa.
Y sonrió.
No una sonrisa triunfal.
Una sonrisa pequeña.
Fría.
Margaret frunció el ceño.
—¿Qué te hace tanta gracia?
Claire dejó de fingir desesperación.
Su respiración se estabilizó.
La expresión de terror desapareció lentamente de sus ojos.
Margaret dio un paso atrás.
—Claire…
La joven llevó una mano hacia el lateral de su vestido.
Sacó el teléfono negro.
La pantalla permaneció girada hacia ella.
Margaret lo miró.
Después miró a Claire.
Y comprendió.
—No…
Claire levantó el teléfono hasta su oído.
—Detective…
Margaret palideció.
Claire mantuvo los ojos clavados en ella.
—Ella cayó en la trampa.
Margaret corrió hacia Claire.
Pero se detuvo.
Porque Claire levantó una mano.
No para defenderse.
Para pedir silencio.
—Lo escuchó todo.
Al otro lado de la línea alguien respondió.
Claire escuchó durante un segundo.
Entonces miró hacia el corredor oscuro situado junto al vestíbulo.
Margaret siguió su mirada.
Su respiración se volvió irregular.
—¿Con quién estás hablando?
Claire no contestó.
—¡Claire!
La joven apoyó una mano en el suelo y comenzó a incorporarse con cuidado.
—¿Qué has hecho?
Claire se puso en pie.
Le dolía todo el costado, pero consiguió mantenerse erguida.
Margaret retrocedió.
Por primera vez desde que Claire la conocía, aquella mujer parecía realmente asustada.
—Te pregunté qué has hecho.
Claire bajó lentamente el teléfono.
—Lo único que Daniel no pudo hacer.
—¿Qué significa eso?
—Conseguir que hablara cuando creía que nadie podía escucharla.
Margaret miró hacia las puertas.
Después hacia las escaleras.
Calculando.
Buscando una salida.
Claire lo vio.
—No serviría de nada.
—No sabes con quién estás jugando.
—Ese fue siempre su problema, Margaret.
Claire dio un pequeño paso.
—Pensaba que yo estaba jugando.
Margaret apretó los puños.
—No tienes pruebas de nada.
Claire miró el teléfono.
—Acaba de empujarme por una escalera mientras alguien escuchaba.
—Fue un accidente.
—Entonces podrá explicárselo.
Margaret se quedó inmóvil.
—¿A quién?
Claire volvió a levantar el teléfono.
Su voz fue apenas un susurro.
—Entre.
Durante un segundo no ocurrió nada.
Luego—
Las grandes puertas del corredor se abrieron.
Margaret giró la cabeza de golpe.
Dos figuras aparecieron al fondo, todavía parcialmente ocultas por las sombras.
Una de ellas era el detective.
Pero Claire dejó de mirar a Margaret cuando vio a la persona que caminaba detrás de él.
No esperaba verla allí.
Ni siquiera sabía que aquella persona conocía la investigación.
Margaret sí la reconoció.
Y su reacción fue inmediata.
—Tú…
Claire miró alternativamente a ambos.
—¿Os conocéis?
Nadie respondió.
El recién llegado avanzó hasta quedar bajo la luz del chandelier.
Margaret perdió el color del rostro.
El detective observó su reacción.
—Señora Bennett, creo que ahora sí deberíamos hablar de Daniel.
Margaret negó lentamente.
—No tienen idea de lo que están haciendo.
Claire apretó el teléfono entre sus dedos.
—Entonces explíquelo.
Margaret la miró con odio.
—¿Quieres la verdad?
—Llevo meses buscándola.
—No.
Margaret señaló a la figura situada junto al detective.
—Has estado buscando la verdad equivocada.
Claire sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué significa eso?
Margaret soltó una risa seca.
—Daniel no estaba investigándome a mí.
Claire dejó de respirar por un instante.
—¿Qué?
—La caja que encontraste… los documentos… las llamadas que hizo antes de morir…
El detective intervino:
—Margaret, tenga cuidado con lo que va a decir.
Pero ella ya no escuchaba.
Sus ojos permanecían clavados en Claire.
—¿Nunca te preguntaste por qué Daniel escondió esa caja precisamente en esta casa?
Claire sintió que algo dentro de ella se hundía.
Había pensado que aquella noche terminaría con respuestas.
Ahora comprendía que quizá acababa de abrir una puerta mucho más peligrosa.
—¿Qué descubrió Daniel?
Margaret miró al recién llegado.
Y, por primera vez, aquella persona apartó los ojos.
Claire lo vio.
—¿Qué está pasando?
Nadie respondió.
Claire avanzó un paso.
—¡Díganmelo!
Margaret sonrió de nuevo.
Pero aquella sonrisa ya no era de superioridad.
Era la sonrisa amarga de alguien que llevaba demasiado tiempo guardando un secreto.
—Daniel descubrió por qué tú nunca debiste entrar en esta familia.
Claire se quedó helada.
—¿Por qué?
Margaret miró hacia el antiguo despacho.
—Porque aquella caja no contenía únicamente secretos de los Bennett.
—¿Entonces qué contenía?
Margaret volvió lentamente la mirada hacia Claire.
—También contenía algo sobre ti.
El silencio se volvió absoluto.
Claire sintió que el suelo parecía moverse bajo sus pies.
—Eso es imposible.
—Pregúntale.
Margaret señaló a la persona que había llegado con el detective.
Claire giró la cabeza.
—¿Preguntarle qué?
El desconocido conocido por Margaret permaneció inmóvil.
—¿Quién es usted?
No hubo respuesta inmediata.
Claire apretó la mandíbula.
—¿Qué sabía Daniel sobre mí?
Margaret abrió la boca.
El detective dio un paso adelante.
—Margaret.
Pero ya era demasiado tarde.
Ella miró directamente a Claire.
—Tu marido descubrió que la noche en que te conoció no fue la primera vez que alguien de esta familia había oído tu apellido.
Claire palideció.
—¿Qué está diciendo?
Margaret señaló hacia el despacho.
—Busca detrás del tercer panel de madera.
Claire miró hacia allí.
—¿Qué hay?
Margaret guardó silencio.
—¿Qué hay detrás de ese panel?
La respuesta llegó desde la figura situada junto al detective.
—Algo que Daniel escondió antes de morir.
Claire giró bruscamente.
Reconoció aquella voz.
Y entonces comprendió por qué Margaret había dejado de parecer asustada al verlo.
—¿Cómo sabe eso?
El hombre respiró profundamente.
—Porque yo estaba con Daniel cuando lo escondió.
Claire sintió que todas las preguntas que había acumulado durante meses se convertían en una sola.
—Entonces usted sabe qué descubrió mi marido.
El hombre la miró.
—Sí.
Margaret cerró los ojos.
Claire avanzó hacia él.
—Dígamelo.
El hombre vaciló.
—Daniel descubrió que alguien había mentido durante casi treinta años.
—¿Sobre qué?
Sus ojos descendieron un instante hacia Claire.
Después miraron a Margaret.
Y finalmente regresaron a ella.
—Sobre quién eres realmente.
Claire se quedó completamente inmóvil.
Margaret susurró desde detrás:
—No.
Pero el hombre ya había tomado una decisión.
—Claire, si abrimos ese panel, lo que encuentres dentro va a cambiar todo lo que creías saber sobre Daniel… sobre los Bennett…
Hizo una pausa.
Claire apenas podía respirar.
—¿Y sobre qué más?
El hombre la miró directamente a los ojos.
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—Sobre la verdadera razón por la que Margaret quería que desaparecieras antes de que descubrieras que tú…
Y el vestíbulo quedó en silencio.