CAPÍTULO 2: LA JAULA SE CIERRA

Margaret no retrocedió.
Pero dentro de ella, el miedo comenzó a crecer.
—Ella necesita medicación —insistió—. Tú no entiendes. Está inestable.
Ava negó con lágrimas.
—Me estabas envenenando… —susurró—. Cada vez que bebía eso… mi cuerpo dejaba de responder.
Daniel tomó los documentos.
El poder legal.
La firma.
El engaño.
Todo había sido preparado el mismo día que él salió de viaje.
—Lo planeaste todo… —dijo él.
—Yo protegí esta familia —respondió ella.
Pero la palabra “familia” ya no significaba nada.
Rosa habló entonces.
—Ella la dejaba fuera de la casa bajo la lluvia… si no firmaba.
El aire cambió.
El juego terminó.
Daniel llamó a Arthur.
—Trae al equipo forense. Ahora.
Cuando Arthur llegó, la verdad ya estaba lista para salir.
—Hay registros de transferencias a un médico privado —dijo Arthur.
—Y análisis preliminares indican sedantes de alta concentración.
El mundo de Margaret empezó a derrumbarse.
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No con ruido.
Con inevitabilidad.