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Capítulo 2: Los Ojos Que Trajeron De Vuelta El Pasado

Eleanor estaba a punto de seguir hablando.

Pero se detuvo.

Su mano, que señalaba la salida, comenzó a bajar lentamente.

La niña seguía frente a ella.

Asustada.

Pero sin escapar.

Y entonces Eleanor vio algo que nadie más había notado.

La forma en que la niña miraba.

La manera en que inclinaba ligeramente la cabeza.

La pequeña expresión de tristeza escondida detrás de su valentía.

Era demasiado familiar.

El corazón de Eleanor comenzó a latir con fuerza.

—Espera...

Su voz ya no tenía enojo.

Solo confusión.

—Esos ojos...

Los invitados dejaron de hablar.

Helen observaba desde atrás con la escoba todavía en sus manos.

Nathan, uno de los familiares de Eleanor, se levantó lentamente de su asiento.

Porque conocía esa expresión.

Era la misma expresión que Eleanor tenía cada vez que alguien mencionaba a su hija desaparecida.

Eleanor se acercó más con su silla de ruedas.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Esa mirada...

La niña levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Mi mamá decía que algún día alguien me reconocería.

Eleanor quedó completamente inmóvil.

—¿Tu mamá?

La niña asintió.

Sacó de su pequeño bolso una vieja fotografía doblada.

Una fotografía gastada por los años.

Eleanor la tomó.

Y en el momento en que la vio...

El mundo pareció detenerse.

Era una imagen de una joven mujer.

Su hija.

La hija que todos le habían dicho que había desaparecido para siempre.

Sus dedos comenzaron a temblar.

—¿Dónde conseguiste esto?

La niña respiró profundamente.

—Ella me la dio antes de irse.

Eleanor sintió que le faltaba el aire.

Durante años había pensado que su hija la había abandonado.

Durante años había vivido con la idea de que nunca quiso volver.

Pero ahora una niña desconocida estaba frente a ella con una prueba que podía cambiarlo todo.

—¿Quién eres? —preguntó Eleanor con la voz rota.

La niña miró hacia abajo.

Luego respondió suavemente:

—Me llamo Lily.

Silencio.

Un nombre.

Una conexión.

Un recuerdo.

Eleanor cerró los ojos.

Porque ese nombre era el mismo que su hija había elegido para su futura hija en una vieja carta que nunca llegó a enviar.

Una carta que nadie más conocía.

La anciana volvió a mirar a la niña.

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Y por primera vez en muchos años...

Sintió esperanza.

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