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CAPÍTULO 2 — El secreto que su madre enterró durante años

Elena no podía apartar los ojos del sobre.

Todo el ruido de la joyería parecía haberse alejado.

Ya no escuchaba las conversaciones de los clientes ni la lluvia golpeando los cristales.

Solo veía aquel pequeño sobre negro.

Y la frase que acababa de escuchar seguía repitiéndose en su cabeza.

“Tu madre me pidió que nunca te lo entregara.”

Su madre.

La misma mujer de la que Elena apenas conservaba unos cuantos recuerdos.

La misma que había muerto dejando preguntas que nadie quiso responder.

Elena levantó la mirada.

“¿Cómo conocía a mi madre?”

El hombre no contestó.

“¿Quién es usted?”

Otra vez, silencio.

Diego observaba la escena cada vez más nervioso.

“Esto es absurdo. Elena, vámonos.”

Ella ni siquiera lo miró.

Por primera vez desde que habían entrado en aquella joyería, Elena no parecía tener miedo de Diego.

Parecía tener miedo de la respuesta que podía estar escondida dentro del sobre.

El desconocido se acercó un poco más.

“Antes de abrirlo, tienes que entender algo.”

Elena tragó saliva.

“¿Qué?”

El hombre miró brevemente a Diego.

Después volvió a mirarla.

“Tu madre sabía que algún día alguien intentaría convencerte de que ciertas cosas nunca ocurrieron.”

Elena sintió que se le helaban las manos.

“¿Qué cosas?”

El hombre no respondió.

Diego intervino.

“Ya basta. No tienes derecho a hablarle así.”

El desconocido giró lentamente la cabeza hacia él.

Y por primera vez, Elena vio algo diferente en sus ojos.

No era ira.

Era reconocimiento.

Como si aquel hombre hubiera estado esperando conocer a Diego mucho antes de aquella tarde.

Diego retrocedió ligeramente.

Elena lo notó.

“¿Por qué te has puesto nervioso?”

“Porque este hombre está intentando confundirte.”

“¿Entonces por qué sabe quién es mi madre?”

Diego guardó silencio.

Elena lo miró fijamente.

“Diego.”

“Yo no sé nada.”

Pero aquella respuesta llegó demasiado rápido.

El hombre tomó nuevamente el teléfono.

“No tenemos mucho tiempo.”

Elena lo miró.

“¿Tiempo para qué?”

El hombre guardó el teléfono.

“Para que descubras quién estuvo mintiéndote todos estos años.”

Elena sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Miró a Diego.

Él evitó sus ojos.

Entonces comprendió algo.

Diego no estaba sorprendido por la existencia del secreto.

Estaba asustado por él.

Elena volvió lentamente hacia el hombre.

“¿Mi madre dejó esto para mí?”

“Sí.”

“¿Por qué nunca me lo dio?”

El hombre bajó la mirada durante un instante.

“Porque tenía miedo.”

“¿De quién?”

El hombre levantó los ojos.

Pero no respondió.

En lugar de eso, deslizó el sobre unos centímetros más hacia ella.

Elena colocó los dedos sobre el sello.

Diego dio un paso brusco hacia delante.

“No lo abras.”

La frase cayó sobre la joyería como una piedra.

Elena se quedó inmóvil.

Muy lentamente, levantó la mirada hacia él.

“¿Qué acabas de decir?”

Diego palideció.

“Yo… no quise decir eso.”

“¿Cómo sabes que no debo abrirlo?”

Diego no respondió.

El hombre de cabello plateado permaneció completamente quieto.

Elena miró de uno a otro.

Y por primera vez comenzó a sospechar que aquella escena no había comenzado cuando Diego la golpeó.

Tal vez llevaba años preparándose.

Tal vez aquel hombre no había aparecido por casualidad.

Tal vez su madre había sabido que algún día Elena llegaría exactamente hasta ese momento.

Elena volvió a tocar el sobre.

“Quiero saber la verdad.”

El desconocido asintió lentamente.

“Entonces ábrelo.”

Los dedos de Elena comenzaron a levantar el sello.

Diego respiró con dificultad.

“¡Elena, no!”

Ella se detuvo.

Lo miró.

Ya no había arrogancia en el rostro de Diego.

Solo miedo.

Un miedo auténtico.

Y eso fue lo que más aterrorizó a Elena.

Porque si Diego sabía lo que había dentro…

Entonces quizá aquel sobre no contenía simplemente una vieja carta.

Podía contener una verdad capaz de destruir todo lo que Elena creía saber sobre su madre.

Sobre Diego.

Y sobre la razón por la que aquel hombre había estado esperando durante años para encontrarla.

Elena volvió a bajar la mirada.

Sus dedos temblaban sobre el sello.

El hombre observaba en silencio.

Diego permanecía inmóvil.

Y justo cuando Elena estaba a punto de abrir el sobre…

La cámara se detiene sobre sus dedos.

El sello sigue intacto.

El contenido permanece oculto.

Y una única pregunta queda suspendida en el aire:

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¿Qué secreto había guardado su madre durante tantos años… y por qué Diego tenía tanto miedo de que Elena finalmente lo descubriera?

Continuará.

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