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Capítulo 1: La copa de vino que cambió el destino de toda una familia

La mansión Sterling resplandecía bajo miles de luces doradas.

La élite de Nueva York llenaba el gran salón principal. Empresarios, políticos, celebridades e inversores caminaban entre enormes arreglos florales mientras una orquesta interpretaba música clásica.

En el centro de la recepción estaba Lydia Sterling.

Vestía un ajustado vestido rojo de alta costura y un collar de rubíes que consideraba el símbolo de la fortuna de su familia.

Aquella noche celebraba el compromiso más importante de su vida.

Creía que el futuro le pertenecía.

Lo que no sabía era que su mundo estaba a punto de derrumbarse.

Cerca del ventanal principal permanecía una mujer vestida completamente de blanco.

Su elegante vestido de seda contrastaba con la sencillez de su actitud.

Era Seraphina Conway.

Había llegado sola.

Sin guardaespaldas.

Sin fotógrafos.

Sin anunciar quién era realmente.

Había comprado aquella mansión apenas unas horas antes, junto con todas las deudas del Grupo Sterling.

Pero nadie en aquella fiesta lo sabía.

Lydia observó a la desconocida desde el otro extremo del salón.

Nunca la había visto.

Y eso bastó para sacar sus propias conclusiones.

Se acercó lentamente, seguida por varias amigas que sonreían con arrogancia.

—¿Quién la dejó entrar? —preguntó con desprecio.

Seraphina levantó la vista.

—Recibí una invitación.

Lydia soltó una carcajada.

—¿Una invitación? ¿Tú?

Miró el vestido blanco.

No llevaba ninguna joya llamativa.

Ni un bolso de diseñador visible.

Para Lydia aquello significaba una sola cosa.

Era una intrusa.

—Supongo que viniste a buscar un millonario que te mantenga.

Varias mujeres comenzaron a reír.

Seraphina permaneció tranquila.

—Solo vine a asistir a una reunión importante.

—La única reunión importante aquí es mi fiesta.

Y no quiero gente como tú arruinando las fotografías.

Lydia tomó una copa de vino tinto de la bandeja de un camarero.

La levantó lentamente.

Todo el salón comenzó a observar.

Muchos invitados sonrieron.

Otros sacaron discretamente sus teléfonos.

Sabían que estaba a punto de ocurrir otra humillación pública organizada por la heredera Sterling.

Seraphina no se movió.

Simplemente la miró a los ojos.

—Todavía estás a tiempo de bajar esa copa.

Lydia sonrió con superioridad.

—¿Y quién va a detenerme?

Un segundo después...

El vino cayó directamente sobre el vestido blanco de Seraphina.

La seda quedó completamente empapada.

El líquido rojo descendía lentamente hasta el suelo de mármol.

El salón estalló en carcajadas.

Lydia levantó los brazos como si hubiera conseguido una gran victoria.

—Ahora sí pareces alguien de tu categoría.

Seraphina observó en silencio la mancha sobre el vestido.

Era un vestido muy especial.

Había pertenecido a su abuela.

Cuarenta años conservándolo.

Y una desconocida acababa de destruirlo en apenas unos segundos.

Respiró profundamente.

No levantó la voz.

No perdió el control.

Solo tomó una servilleta y limpió lentamente una parte del vino.

Entonces dijo una única frase.

—Acabas de tomar la peor decisión de tu vida.

Lydia volvió a reír.

—¿Ah, sí? ¿Y qué vas a hacer?

Antes de que Seraphina pudiera responder...

Las enormes puertas del salón se abrieron violentamente.

Un hombre entró corriendo, completamente pálido, con la corbata deshecha y la respiración entrecortada.

Era Arthur Sterling.

El presidente del Grupo Sterling.

Y el padre de Lydia.

Todos esperaban que expulsara inmediatamente a aquella mujer desconocida.

Pero ocurrió exactamente lo contrario.

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Arthur corrió directamente hacia Seraphina...

Y cayó de rodillas delante de ella.

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