PARTE II — LO QUE NOAH HABÍA VISTO ANTES DE SER ENCERRADO

Jonathan llevó a Noah hasta una pequeña sala contigua.
Hannah se quedó con ellos mientras uno de los empleados de confianza llamaba discretamente a un médico para comprobar que el niño estaba bien.
Evelyn permanecía en el pasillo.
Nadie le había pedido que se marchara todavía.
Pero ya nadie la trataba como a la mujer que mandaba en aquella casa.
Jonathan se agachó frente a Noah.
—Quiero que me digas una cosa.
El niño lo miró.
—¿Estás enfadado conmigo?
Jonathan sintió que la pregunta le atravesaba.
—No.
—¿Seguro?
—Completamente.
Noah bajó la mirada.
—Ella dijo que sí.
—Evelyn mintió.
—Dijo que yo siempre estropeo todo.
Jonathan apretó la mandíbula.
—Eso tampoco es verdad.
Hannah se sentó cerca.
—Noah, antes dijiste que te metió en la pared.
El niño asintió.
—¿Por qué?
Noah permaneció en silencio.
Jonathan no quiso presionarlo.
—Puedes contármelo cuando quieras.
El niño miró hacia la puerta.
—No quiero que ella vuelva.
—No va a acercarse a ti.
—¿De verdad?
—Te lo prometo.
Noah respiró.
—La vi.
Jonathan frunció el ceño.
—¿A Evelyn?
—Sí.
—¿Haciendo qué?
Noah miró a Hannah.
Después volvió hacia su padre.
—Estaba en tu despacho.
Jonathan quedó quieto.
—¿Cuándo?
—Antes de la fiesta.
—¿Entraste allí?
—La puerta estaba abierta.
Jonathan miró a Hannah.
—Ese despacho estaba cerrado cuando me fui esta mañana.
Ella asintió.
—Yo también lo vi cerrado.
Noah continuó:
—Evelyn tenía una caja.
Jonathan sintió algo en el pecho.
—¿Qué caja?
El niño separó las manos para indicar el tamaño.
—Negra.
Jonathan perdió ligeramente el color.
Hannah lo vio.
—¿La conoce?
Él no respondió inmediatamente.
—Jonathan.
—Hay una caja fuerte pequeña dentro del armario de mi despacho.
—¿Qué guarda?
Jonathan miró a Noah.
—Documentos.
—¿Importantes?
—Sí.
Hannah comprendió.
—¿Evelyn podía abrirla?
—No debería.
Noah intervino:
—La abrió.
Jonathan se volvió hacia él.
—¿Cómo?
—No sé.
—¿Viste qué sacó?
El niño asintió.
—Un sobre.
Jonathan respiró lentamente.
—¿De qué color?
—Marrón.
El hombre cerró los ojos.
Hannah preguntó:
—¿Qué había dentro?
—No lo sé.
Jonathan sí parecía saberlo.
—¿Qué era? —insistió ella.
Él tardó.
—Documentos relacionados con la madre de Noah.
La habitación quedó en silencio.
Hannah sabía que la madre biológica del niño había muerto años atrás.
O eso era lo que todos entendían.
—¿Por qué los guardaba en una caja fuerte?
Jonathan no respondió.
Noah continuó:
—Evelyn estaba hablando por teléfono.
Su padre se inclinó.
—¿Qué decía?
—No entendí todo.
—Lo que recuerdes.
El niño cerró los ojos.
—Dijo: “Jonathan nunca puede verlo”.
Hannah miró a Jonathan.
Él quedó completamente quieto.
—¿Qué más?
—Después dijo mi nombre.
—¿Tu nombre?
Noah asintió.
—Dijo que, si yo hablaba, todo se iba a arruinar.
Jonathan apretó los dientes.
—¿Y entonces te vio?
—Sí.
La voz del niño se volvió más pequeña.
—Me dijo que jugáramos a escondernos.
Hannah sintió una mezcla de horror y rabia.
—¿Te llevó al pasillo?
—Sí.
—¿Y abrió la pared?
—Había una puerta pequeñita.
Jonathan giró hacia Hannah.
—Ese hueco formaba parte de un antiguo acceso de servicio. Pensaba que estaba sellado.
Noah siguió:
—Me dijo que entrara.
—¿Y después?
—Cerró.
Hannah se llevó una mano a la boca.
—¿Te dijo cuándo iba a sacarte?
Noah negó.
—Solo dijo que papá nunca me encontraría.
Jonathan se levantó.
Ya no había duda.
Aquello no había sido un castigo.
Evelyn había querido silenciarlo.
Salió de la habitación.
Hannah fue detrás, dejando a Noah con una cuidadora de confianza.
Evelyn seguía en el pasillo.
—¿Dónde está el sobre?
Ella frunció el ceño.
—¿Qué sobre?
—Noah te vio.
Evelyn palideció apenas.
—Un niño de seis años puede imaginar muchas cosas.
Jonathan dio un paso.
—Entraste en mi despacho.
—No.
—Abriste la caja fuerte.
—No.
—Sacaste documentos.
—No.
Jonathan la miró.
—Y encerraste a mi hijo porque te vio.
Evelyn dejó de responder.
Hannah se acercó.
—¿Qué había en esos papeles?
Evelyn la miró.
—No es asunto tuyo.
Jonathan respondió:
—Ahora sí.
Evelyn soltó una risa seca.
—No tienes idea de lo que estás haciendo.
—Entonces explícamelo.
—No puedo.
—¿No puedes o no quieres?
Evelyn guardó silencio.
Jonathan bajó la voz.
—Voy a hacer revisar todas las cámaras de la casa.
Algo cambió en ella.
—No.
Fue una reacción mínima.
Pero suficiente.
Jonathan la vio.
—¿Por qué no?
—Porque no tienes derecho a grabar a tus invitados en privado.
—No he dicho que hubiera cámaras dentro del despacho.
Evelyn se quedó inmóvil.
Había caído.
Jonathan dio otro paso.
—¿Cómo sabías dónde estaban?
Silencio.
—¿Quién te dijo que había cámaras?
Nada.
Hannah observó a Evelyn.
—Ella sabía más de esta casa de lo que debería.
Jonathan asintió.
—Y no estaba trabajando sola.
Evelyn perdió finalmente parte de su control.
—No sabes nada.
—Entonces dime quién te ayudó.
—Nadie.
—¿Quién te dio el código de la caja fuerte?
Nada.
Jonathan la miró.
—Ese código solo lo conocen tres personas.
Evelyn apartó los ojos.
—Yo.
Hizo una pausa.
—Mi abogado.
Otra pausa.
—Y mi hermano.
La última palabra hizo reaccionar a Evelyn.
Jonathan lo vio.
—No.
Ella retrocedió.
—No lo metas en esto.
Hannah frunció el ceño.
—¿A quién?
Jonathan la ignoró.
—¿Mi hermano te dio el código?
—No.
—Evelyn.
—¡No!
Aquella vez gritó.
El pasillo volvió a quedar en silencio.
Jonathan la observó.
—Así que tiene que ver con él.
Evelyn negó.
—No entiendes.
—Haz que entienda.
—No puedo.
Jonathan apretó los labios.
—Entonces encontraré el sobre.
Evelyn soltó una respiración nerviosa.
—Ya no está aquí.
Jonathan quedó inmóvil.
—¿Qué?
Hannah también.
—¿Dónde está?
Evelyn cerró los ojos.
—Llegas demasiado tarde.
Jonathan se acercó.
—¿Qué hiciste con él?
—Yo no hice nada.
—¿Quién se lo llevó?
Evelyn abrió los ojos.
—Si te digo eso, será peor.
—¿Peor que encerrar a mi hijo dentro de una pared?
Ella lo miró.
—Sí.
Aquella respuesta cambió el aire.
Jonathan dejó de gritar.
Su furia se transformó en algo mucho más frío.
—¿Qué contenía ese sobre?
Evelyn lo observó durante varios segundos.
—Una verdad que tu familia lleva años evitando.
—¿Sobre Noah?
Silencio.
—¿Sobre su madre?
Evelyn no contestó.
Hannah habló:
—Jonathan, quizá deberíamos llamar a la policía.
Evelyn soltó una pequeña risa.
—Hazlo.
Ambos la miraron.
—¿Qué?
—Llama.
Su seguridad regresó parcialmente.
—En cuanto alguien abra oficialmente esa investigación, todo saldrá a la luz.
Jonathan frunció el ceño.
—¿Eso debería asustarme?
—Sí.
—¿Por qué?
Evelyn miró hacia la habitación donde estaba Noah.
—Porque quizá descubras que no eres la persona a la que llevan años mintiendo más.
Jonathan sintió frío.
—¿Qué significa eso?
Ella guardó silencio.
—¿Qué tiene que ver Noah?
—Pregúntale a su madre.
Jonathan se quedó inmóvil.
—Su madre murió.
Evelyn lo miró de una forma extraña.
Hannah lo vio.
—¿Por qué la mira así?
Jonathan también.
—Evelyn.
Ella cerró los ojos.
—No.
—¿Qué sabes sobre Rachel?
—No preguntes.
—¿Qué sabes?
Evelyn negó.
Jonathan se acercó.
—Durante seis años me dijeron que Rachel murió aquella noche.
—Jonathan...
—Vi un informe.
—Un informe que nunca verificaste por ti mismo.
El hombre quedó completamente congelado.
Hannah no entendía.
—¿Qué está diciendo?
Jonathan apenas pudo hablar.
—¿Estás diciendo que Rachel está viva?
Evelyn no respondió.
—¡Contéstame!
—No lo sé.
—Mentira.
—No lo sé ahora.
Aquellas dos últimas palabras lo destruyeron más que cualquier confesión.
—¿Ahora?
Evelyn se dio cuenta de lo que acababa de decir.
Hannah preguntó:
—¿La conocía después de su supuesta muerte?
Silencio.
Jonathan respiró profundamente.
—¿Cuándo la viste por última vez?
Evelyn cerró los labios.
—¿Cuándo?
—Hace años.
—¿Cuántos?
Nada.
—¿Antes o después del funeral?
Evelyn bajó la mirada.
Jonathan sintió que las piernas casi le fallaban.
—Después.
Ella no respondió.
—La viste después.
—Jonathan...
—¡La viste después de que enterráramos un ataúd!
Evelyn levantó los ojos.
—No era tan sencillo.
—¿Qué podía ser más sencillo que decirme que la madre de mi hijo seguía viva?
—Ella no quería que lo supieras.
Jonathan se quedó helado.
—¿Qué?
Hannah también.
Evelyn comenzó a comprender que ya no podía volver atrás.
—Rachel pidió desaparecer.
—¿Por qué?
—Porque tenía miedo.
—¿De mí?
—No.
—¿Entonces de quién?
Evelyn miró hacia el fondo del pasillo.
—De alguien dentro de esta familia.
Jonathan dejó de respirar.
—¿Quién?
No respondió.
—¿Mi padre?
Nada.
—¿Mi hermano?
La expresión de Evelyn cambió.
Jonathan lo vio.
—Otra vez.
Hannah miró a ambos.
—Es su hermano.
Evelyn negó.
—No sabes nada.
Jonathan apretó los puños.
—¿Qué hizo mi hermano?
—No puedo decirlo.
—¿Por qué?
—Porque el sobre que Noah me vio sacar contenía la única prueba que Rachel dejó.
Silencio.
Jonathan palideció.
—¿Prueba de qué?
Evelyn miró hacia la habitación del niño.
Después hacia la pared destrozada.
—De por qué desapareció.
—¿Y dónde está ahora ese sobre?
Evelyn guardó silencio.
Jonathan dio un paso.
—¿Quién se lo llevó?
—Te he dicho que no puedo decirlo.
Hannah observó la forma en que Evelyn miraba hacia las escaleras.
—Está esperando a alguien.
Jonathan giró.
—¿Qué?
Hannah señaló sutilmente.
—Desde que salimos de la habitación no deja de mirar hacia el vestíbulo.
Evelyn perdió el color.
En ese mismo momento se escuchó una puerta abrirse abajo.
Después, pasos.
Lentos.
Seguros.
Jonathan miró hacia el extremo del pasillo.
Una figura masculina apareció bajo la lámpara de araña del vestíbulo.
Evelyn retrocedió.
—No.
Jonathan reconoció inmediatamente la silueta.
Su expresión cambió.
—¿Qué haces aquí?
El hombre levantó la mirada hacia ellos.
Era alguien que Jonathan conocía perfectamente.
Alguien que, según Evelyn, podía estar relacionado con la desaparición de Rachel.
Hannah susurró:
—¿Quién es?
Jonathan no respondió.
El recién llegado comenzó a subir la escalera.
En una de sus manos llevaba un sobre marrón.
El mismo que Noah había descrito.
Evelyn cerró los ojos.
—Te dije que lo destruyeras.
Jonathan giró hacia ella.
—¿Qué acabas de decir?
El hombre se detuvo a mitad de la escalera.
Miró a Evelyn.
Después a Jonathan.
—Ya es demasiado tarde.
Jonathan contempló el sobre.
—Dámelo.
El hombre no se movió.
—No puedes leerlo sin saber antes por qué Rachel se fue.
Jonathan apretó la mandíbula.
—Entonces dímelo.
El recién llegado miró hacia la habitación donde Noah estaba esperando.
Su expresión cambió.
—Primero necesito saber una cosa.
—¿Qué?
—¿Noah escuchó algo de lo que Evelyn habló por teléfono?
Jonathan miró hacia ella.
—¿Por qué importa?
El hombre sostuvo el sobre con más fuerza.
—Porque si el niño oyó el nombre que creo que oyó, entonces Evelyn no lo encerró solo para impedir que contara lo que había visto.
Hannah sintió un escalofrío.
—¿Entonces por qué?
El hombre subió el último escalón.
Se detuvo frente a Jonathan.
—Porque Noah acaba de descubrir quién fue la persona que obligó a su madre a desaparecer.
Jonathan quedó inmóvil.
—¿Quién?
El hombre miró directamente a Evelyn.
Ella negó.
—No.
—Ya no puedes detenerlo.
Jonathan dio un paso.
—¿Quién fue?
El hombre comenzó a abrir el sobre.
Dentro había una fotografía.
Jonathan alcanzó a ver solo una esquina.
Pero fue suficiente para que su rostro cambiara.
—No puede ser.
Hannah miró la imagen desde lejos.
—¿Quién aparece ahí?
Jonathan no respondió.
El hombre sacó la fotografía un poco más.
—Rachel dejó esto con una nota.
—¿Qué dice?
Él respiró profundamente.
—Dice que, si alguna vez Noah encontraba este documento, Jonathan debía saber que el hombre que aparece junto a Rachel es quien realmente...
Evelyn dio un paso.
—¡No!
Jonathan levantó la mirada.
—¿Quién realmente qué?
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El hombre sostuvo la fotografía.
Y justo cuando estaba a punto de terminar la frase que podía explicar por qué Noah había sido encerrado detrás de aquella pared, el pasillo volvió a quedar en un silencio absoluto.