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Capítulo 2: El tío que regresó para buscar a una hija

Richard bajó primero.

Emma lo siguió.

Victoria intentó detenerla.

—Quédate arriba.

Emma se soltó.

—Si todo esto trata de mí, ya no voy a quedarme fuera.

La puerta principal se abrió.

Un hombre estaba allí.

Cincuenta años aproximadamente.

Cabello gris en las sienes.

Una cicatriz junto al cuello.

Richard lo miró como si estuviera viendo un fantasma.

—Daniel.

El hombre sonrió débilmente.

—Hola, hermano.

Richard no lo abrazó.

—Te vi caer al agua.

—Viste mi barco explotar.

—Todos dijeron que habías muerto.

Daniel miró a Victoria.

—Alguien necesitaba que todos lo creyeran.

Emma bajó los últimos escalones.

Daniel la vio.

Toda su expresión cambió.

—Dios mío.

Emma se detuvo.

—¿Me conoce?

Daniel comenzó a llorar.

Victoria se interpuso.

—No.

Daniel la miró.

—Veinte años no fueron suficientes para ti.

Richard frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

Daniel sacó una fotografía antigua.

Victoria estaba en ella.

Mucho más joven.

A su lado aparecía Daniel.

Y Victoria sostenía un bebé.

Emma sintió frío.

—¿Quién es esa niña?

Daniel la miró.

—Tú.

Richard tomó la foto.

—Esto fue antes de que Emma naciera.

Daniel negó.

—Antes de la fecha que aparece en su certificado.

Silencio.

Emma miró a Victoria.

—Mamá.

Victoria comenzó a llorar.

Daniel explicó.

Veinte años atrás él y Victoria habían tenido una relación.

No una aventura breve.

Una relación que comenzó durante una separación entre Richard y Victoria.

Richard había pasado meses fuera del país por negocios.

Victoria creyó que su matrimonio terminaría.

Daniel estaba cerca.

Se enamoraron.

Victoria quedó embarazada.

Cuando Richard regresó, quiso reconciliarse.

Daniel insistió en decir la verdad.

Victoria se negó.

Temía perder la familia.

Temía el escándalo.

Y temía a Malcolm Carter, padre de ambos hermanos.

Malcolm controlaba la fortuna familiar.

Había dejado claro que cualquier hijo nacido de una relación entre Victoria y Daniel sería considerado una amenaza para la herencia.

—¿Una amenaza? —preguntó Emma.

Daniel asintió.

El testamento de Malcolm tenía una cláusula absurda.

El primer descendiente biológico de Daniel heredaría una parte de las acciones que Richard creía destinadas a él.

Emma era esa descendiente.

—Entonces Daniel es mi padre.

Richard cerró los ojos.

Nadie respondió.

Emma repitió:

—¿Es mi padre?

Victoria susurró:

—Sí.

Richard se alejó varios pasos.

Emma sintió que el suelo desaparecía.

—Entonces tú siempre lo supiste.

Victoria asintió.

—¿Y papá?

Richard respondió sin mirarla.

—Yo no.

Aquello dolió más.

Richard había criado a Emma durante veinte años creyendo que era su hija biológica.

Daniel continuó.

Cuando Emma nació, Victoria y Malcolm alteraron los registros.

La presentaron como hija de Richard.

Daniel amenazó con revelar todo.

Poco después ocurrió el accidente del barco.

—¿Intentaron matarte? —preguntó Richard.

Daniel miró a Victoria.

Ella negó.

—Yo no.

—Pero sabías que tu padre iba a detenerme.

Victoria cerró los ojos.

—Sabía que estaba furioso.

Daniel sobrevivió a la explosión.

Fue rescatado por un barco pesquero.

Permaneció meses hospitalizado fuera del país.

Cuando intentó volver, descubrió que alguien lo buscaba.

Recibió amenazas.

Le dijeron que Emma moriría si regresaba.

—Así que desapareciste —dijo Emma.

—Sí.

Emma estaba llorando.

—Durante doce años.

Daniel corrigió:

—Durante veinte.

El accidente que todos conocían ocurrió ocho años después del nacimiento de Emma.

Durante esos primeros años, Daniel había vivido bajo otra identidad, intentando reunir pruebas contra Malcolm.

Después organizó públicamente un falso regreso.

Quería enfrentar a la familia.

Su barco explotó antes.

Alguien volvió a intentar matarlo.

Richard miró a Victoria.

—¿Papá hizo esto?

Ella respondió:

—No lo sé.

Daniel sacó otro documento.

—Yo sí.

Un pago había salido desde una empresa controlada por Malcolm.

Pero Malcolm llevaba muerto siete años.

Richard frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué vuelves ahora?

Daniel miró a Emma.

—Porque alguien reactivó la cuenta esta semana.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Quién?

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Daniel levantó la mirada hacia Victoria.

—Ella.

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