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Capítulo 2: El pasaporte que Richard había pedido falsificar

Richard cerró la puerta.

—Nadie sale hasta que me digan la verdad.

Daniel permaneció inmóvil.

Victoria se sentó lentamente en la cama.

Emma seguía sosteniendo la fotografía.

—Quiero saber por qué aparece mi cara con el apellido Ross.

Daniel habló primero.

—Porque ese documento fue creado para protegerte.

Emma lo miró con rabia.

—¿De quién?

Daniel miró a Richard.

—De él.

Silencio.

Richard avanzó.

—Cuidado con lo que dices.

Daniel negó.

—Ya no importa.

Sacó un pequeño sobre oculto en el forro de la maleta.

Dentro había copias de documentos antiguos.

Uno llevaba la firma de Richard.

Emma lo vio.

—Papá…

Richard no pudo negarlo.

El pasaporte falso de Daniel no había sido creado por Daniel.

Richard había autorizado su fabricación siete años atrás.

—¿Por qué? —preguntó Emma.

Richard cerró los ojos.

Siete años atrás había descubierto un plan dentro de Carter Holdings.

Alguien estaba desviando millones mediante identidades falsas.

Las transferencias siempre terminaban vinculadas al nombre Richard Carter.

Si la investigación federal llegaba hasta él, perdería todo.

Daniel Ross, entonces un joven abogado de confianza, propuso una operación.

Crear una segunda identidad legal de Richard.

Una identidad utilizada únicamente para rastrear quién intentaba mover dinero.

Daniel usaría esa documentación durante operaciones controladas.

—Entonces ese pasaporte era una trampa —dijo Emma.

—Al principio —respondió Daniel.

Pero alguien descubrió la operación.

Desde entonces comenzó a utilizar aquella identidad de verdad.

Habían firmado contratos.

Abierto cuentas.

Comprado propiedades.

Todo bajo el nombre de Richard.

—¿Quién? —preguntó Victoria.

Daniel la miró.

—Tu hermano.

Emma frunció el ceño.

Victoria tenía un hermano menor llamado Adrian Blake.

Según la familia, había muerto diez años atrás.

Richard se quedó rígido.

—Adrian está muerto.

—No.

Daniel abrió su teléfono.

Una fotografía reciente mostraba a Adrian saliendo de un banco en Ginebra.

—Está vivo.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Qué tiene que ver conmigo?

Daniel miró la foto de “Emma Ross”.

Adrian había descubierto algo todavía más peligroso.

La estructura accionarial de Carter Holdings estaba construida sobre un fideicomiso.

Richard tenía el control.

Pero si moría o era declarado culpable de fraude, su participación pasaría a su heredero biológico.

Emma.

Adrian necesitaba eliminar ambas cosas.

Primero la identidad financiera de Richard.

Después a Emma.

—¿Eliminarme cómo? —preguntó ella.

Victoria comenzó a llorar.

—No matarte.

—Eso no es tranquilizador.

Daniel explicó.

Planeaban sacarla del país utilizando otra identidad.

Emma Ross.

El apellido de Daniel permitiría hacer creer que era una familiar suya.

Después entrarían en un programa privado de protección mientras la policía investigaba a Adrian.

—Entonces ¿iban a llevarme a Zurich?

Daniel asintió.

—Tú, tu madre y yo.

Emma miró los boletos.

—Solo hay dos.

Victoria bajó la cabeza.

Daniel respondió:

—Los tuyos estaban en otro sobre.

Emma no creyó completamente.

Richard tampoco.

—¿Por qué no me dijeron nada?

Victoria lo miró.

—Porque empezamos a sospechar de ti.

Aquella frase cayó como una bomba.

Richard quedó inmóvil.

—¿De mí?

Daniel sacó varias fotografías.

Durante los últimos meses, cámaras privadas habían captado a Richard entrando en lugares que él aseguraba no conocer.

Un hotel.

Una clínica.

Una oficina bancaria.

Richard negó.

—Nunca estuve ahí.

Daniel colocó dos imágenes juntas.

En una aparecía Richard.

En la otra, el hombre tenía la misma cara.

Pero una pequeña cicatriz detrás de la oreja.

Richard tocó instintivamente la suya.

No tenía ninguna.

Emma lo entendió.

—Hay otro hombre con tu cara.

Daniel asintió.

Adrian había financiado durante años cirugías reconstructivas para un socio.

Querían crear un sustituto capaz de parecer Richard en grabaciones y reuniones breves.

Pero Richard negó.

—Eso no explica por qué Victoria ocultaba una maleta en nuestro dormitorio.

Victoria respondió:

—Porque ayer recibí un mensaje.

Sacó su teléfono.

“Richard ya fue sustituido una vez. Pregunta dónde estuvo la noche en que nació Emma.”

Emma sintió que el estómago se cerraba.

—¿Qué tiene que ver mi nacimiento?

Nadie respondió.

Daniel miró a Richard.

Después a Victoria.

—Eso es lo que hay en el documento que Emma casi sacó.

Emma tomó la hoja.

La abrió.

Era una prueba genética.

Su nombre aparecía arriba.

Richard dio un paso atrás.

Emma leyó.

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Después miró lentamente a su padre.

—Dice que no eres mi padre biológico.

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