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Capítulo 1: El Padre Llegó con un Regalo para su Hija y Terminó Derribando la Puerta que Ocultaba una Pesadilla

La mansión Bennett estaba preparada para una boda perfecta.

Los pasillos brillaban bajo los candelabros de cristal. Las flores blancas cubrían las puertas de madera y decenas de invitados esperaban el comienzo de la ceremonia en el jardín.

Edward Bennett caminaba por el corredor principal con una pequeña caja de regalo entre las manos.

Dentro había un broche antiguo que había pertenecido a la madre de Sophia.

Quería entregárselo antes de acompañarla al altar.

Pero al acercarse a la habitación de la novia, escuchó algo que lo hizo detenerse.

Un llanto apagado.

Después, golpes débiles contra la puerta.

—¡Papá… ayúdame!

Edward perdió el color del rostro.

Corrió hacia la puerta e intentó abrirla.

Estaba cerrada con llave.

—¡Sophia! ¡Abre la puerta!

—¡No puedo! ¡Ryan me encerró!

Varios invitados comenzaron a reunirse detrás de Edward.

Nadie entendía lo que estaba ocurriendo.

Edward golpeó la puerta con fuerza.

—¡Aléjate!

Retrocedió y lanzó una patada contra la cerradura.

La puerta se abrió violentamente.

Sophia estaba sentada en el suelo, junto a la pared. Su vestido de novia estaba arrugado, el maquillaje corría por sus mejillas y sus manos temblaban.

Edward dejó caer el regalo y se arrodilló a su lado.

—¿Qué te hizo?

Sophia intentó hablar, pero apenas podía respirar.

—Descubrí que había retirado dinero de mi cuenta. Le dije que cancelaría la boda… y me encerró para que no pudiera salir.

Entonces apareció Ryan Cole en la puerta.

Vestía su elegante traje azul marino y mantenía una calma inquietante.

—Solo necesitaba tranquilizarse —dijo—. Estaba nerviosa.

Edward se levantó lentamente y se colocó entre él y Sophia.

—Encerrar a una mujer aterrorizada no es tranquilizarla.

Ryan sonrió con arrogancia.

—Este es un asunto entre mi futura esposa y yo.

Edward lo miró con una frialdad que hizo callar todo el pasillo.

—Ya no tienes futura esposa.

Sophia tomó la mano de su padre.

Y delante de todos los invitados susurró:

—Papá… no quiero casarme con él.

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Ryan dejó de sonreír.

Porque en aquel instante comprendió que la puerta que había cerrado para controlar a Sophia acababa de abrirse sobre todos sus secretos.

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