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CAPÍTULO 2: La Llamada que Nadie Detuvo

Con manos temblorosas, Ethan sacó el teléfono.

Lo sostuvo con ambas manos como si pesara demasiado.

Sus dedos apenas podían marcar.

Rachel intentó moverse.

Pero el dolor la detuvo.

Solo pudo tocar débilmente el brazo de su hijo.

—Ethan… —susurró ella.

Pero el niño ya estaba llamando.

El sonido de la llamada parecía demasiado fuerte en la cocina silenciosa.

Ethan se puso el teléfono en la oreja.

Sus ojos se llenaron de lágrimas inmediatamente.

—¡Abuelo! ¡Mamá está en el suelo!

Su voz se rompió al final.

Respiró fuerte.

Miró a su madre otra vez.

Y gritó, desesperado:

—¡Por favor, ven!

Su mano apretaba el teléfono con fuerza.

Como si soltarlo significara perder la única ayuda posible.

Rachel intentó incorporarse un poco.

Pero volvió a caer.

El dolor la obligó a detenerse.

Aun así, estiró su mano y tocó el hombro de Ethan.

Como si quisiera calmarlo a él, no a ella misma.

En el fondo, Mark seguía allí.

Sin moverse.

Sin intervenir.

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Solo mirando.

Y ese silencio era más pesado que cualquier grito.

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