Capítulo 2: La Mujer que Nunca Debió Morir

El bullicio de la avenida parecía haberse desvanecido.
Adrian observaba fijamente a la muchacha.
Había algo en sus ojos.
En la forma de hablar.
Incluso en la manera de sujetar aquella fotografía.
Le recordaba demasiado a alguien que había perdido hacía veinte años.
Respiró profundamente antes de responder.
—Esa mujer era mi esposa.
Murió hace muchos años.
Luna negó con fuerza.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
—¡No!
Mi mamá está viva.
Siempre estuvo viva.
Solo desapareció una noche... y nunca volvió.
Adrian sintió que el maletín comenzaba a resbalar de su mano.
Durante dos décadas había vivido creyendo que su esposa había muerto en un incendio ocurrido durante un viaje de negocios.
La policía encontró un cuerpo irreconocible.
Las pruebas parecían concluyentes.
El caso se cerró.
Él lloró.
La enterró.
Intentó seguir adelante.
Pero jamás volvió a enamorarse.
Ahora aquella adolescente sin hogar estaba destruyendo toda la verdad que había sostenido su vida.
Con la voz quebrada preguntó:
—¿Cómo se llama tu madre?
Luna respondió sin apartar la mirada.
—Isabella Carter.
Adrian retrocedió un paso.
Ese no era el apellido de su esposa.
Pero el rostro...
Era exactamente el mismo.
Entonces Luna abrió lentamente su pequeña bolsa de lona.
Sacó una fotografía aún más vieja.
En ella aparecía la misma mujer abrazando a una niña de apenas tres años.
En la parte trasera había una fecha escrita a mano.
Una fecha posterior al supuesto fallecimiento de Isabella.
El corazón de Adrian dejó de obedecer cualquier lógica.
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Alguien había fingido aquella muerte.
Y lo había separado de la mujer que más había amado.