Capítulo 2: La verdad que una madre intentó enterrar salió a la luz

El taxi avanzaba por las calles de Madrid mientras Elena permanecía en silencio, abrazando con fuerza su vientre.
Las lágrimas caían sin que intentara detenerlas.
Durante meses había imaginado un futuro junto a Adrián.
Habían hablado del nombre del bebé.
De la habitación que prepararían.
De los paseos por el parque.
De la vida que construirían juntos.
Todo había desaparecido en menos de una hora.
Cuando el taxi se detuvo frente al pequeño apartamento donde vivía su tía Isabel, Elena ya no tenía fuerzas para sostenerse.
Isabel abrió la puerta y, al verla llorando, comprendió que algo terrible había ocurrido.
No hizo preguntas.
Simplemente la abrazó.
—Aquí estás en casa, hija.
Aquellas palabras hicieron que Elena rompiera a llorar como nunca antes.
Mientras tanto, en la mansión Luján, Adrián seguía leyendo una y otra vez los documentos que su madre había preparado.
Cada página era peor que la anterior.
No solo obligaban a Elena a abandonar Madrid.
También pretendían que renunciara legalmente a cualquier reclamación futura relacionada con su hijo.
Aquello no era una simple propuesta.
Era un plan cuidadosamente preparado.
Adrián levantó lentamente la vista.
—¿Cuándo hiciste esto?
Victoria intentó mantener la calma.
—Solo quería protegerte.
—¿Protegerme... de mi propio hijo?
—De una mujer que quiere aprovecharse de nuestra familia.
Adrián golpeó la carpeta contra la mesa.
—¡Basta!
Era la primera vez en su vida que levantaba la voz frente a su madre.
Las dos empleadas que seguían en el pasillo quedaron completamente inmóviles.
Victoria también.
—Has manipulado toda esta situación...
—Lo hice por ti.
—¡Lo hiciste por ti!
El silencio volvió a llenar la cocina.
Adrián respiraba con dificultad.
De pronto recordó algo.
Aquella misma mañana había recibido un mensaje de Elena.
"No puedo esperar para enseñarte la sorpresa del médico."
Él jamás llegó a responder.
Había estado demasiado ocupado en una reunión.
Ahora comprendía cuál era aquella sorpresa.
Era un niño.
Su hijo.
Sintió un nudo en la garganta.
Sin decir una palabra más, salió corriendo de la mansión.
Subió a su coche y condujo hasta el apartamento de Elena.
Cuando llegó, llamó una y otra vez al timbre.
Nadie respondió.
Preguntó a los vecinos.
Recorrió varias cafeterías cercanas.
Incluso volvió a la clínica donde Elena había acudido aquella mañana.
Nadie sabía dónde estaba.
Aquella noche no durmió.
Tampoco la siguiente.
Los días se convirtieron en semanas.
Adrián llamó cientos de veces.
Todos sus mensajes quedaban sin respuesta.
Mientras tanto, Victoria continuaba intentando convencerlo.
—Ya volverá cuando se le pase el orgullo.
Pero Adrián ya no escuchaba.
Había contratado detectives privados.
Había recorrido hospitales.
Consultado registros.
Preguntado a antiguos amigos de Elena.
Sin éxito.
Por primera vez en muchos años, el poderoso heredero de los Luján descubría que el dinero no podía traer de vuelta a la persona que más necesitaba.
Tres meses después...
Una llamada inesperada cambió todo.
Era Marta, una de las antiguas empleadas de la mansión.
—Señor Adrián... necesito hablar con usted.
Se encontraron en una pequeña cafetería del centro.
La mujer dejó un sobre sobre la mesa.
—No podía seguir callando.
Dentro había varias fotografías.
Grabaciones de las cámaras de seguridad.
Y un pendrive.
Adrián comenzó a revisar el contenido.
Su rostro perdió todo el color.
Las imágenes mostraban claramente a Victoria preparando los documentos días antes.
También aparecía hablando con un abogado.
—Cuando Elena firme esto, desaparecerá para siempre. Mi hijo nunca sabrá que ese niño existe.
Había incluso otra grabación.
La del día de la discusión.
Se veía perfectamente cómo Victoria sujetaba con fuerza el brazo de Elena antes de que él entrara en la cocina.
Y cómo, segundos después, cambiaba completamente de actitud al verlo aparecer.
Adrián dejó caer el pendrive sobre la mesa.
Las manos le temblaban.
Todo lo que Elena había dicho era cierto.
Él no solo había dudado de la mujer que amaba.
La había abandonado cuando más lo necesitaba.
Con lágrimas contenidas, levantó la mirada hacia Marta.
—¿Sabes dónde está Elena?
La mujer asintió lentamente.
—Sí...
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Hizo una breve pausa.
—Pero antes debe prepararse para escuchar algo que cambiará su vida para siempre.