flashbuzz

Capítulo 2: La Mujer Que Nadie Reconoció

Pasaron apenas diez minutos.

El silencio dentro de la farmacia era extraño.

Margaret permanecía sentada en una silla junto al mostrador, sosteniendo los medicamentos entre las manos.

Daniel seguía atendiendo clientes como si nada hubiera ocurrido.

Pero el gerente no dejaba de observarlo.

Seguía molesto.

Aunque, en el fondo, comenzaba a preguntarse si había juzgado demasiado rápido al muchacho.

De repente...

Varias camionetas negras se detuvieron frente a la farmacia.

Los clientes se acercaron a las ventanas.

Hombres vestidos con elegantes trajes descendieron de los vehículos.

No parecían policías.

Tampoco guardaespaldas comunes.

Uno de ellos abrió rápidamente la puerta del automóvil principal.

De allí descendió un anciano distinguido de aproximadamente ochenta años.

Cabello completamente blanco.

Traje gris impecable.

Bastón de madera oscura.

Su presencia imponía respeto sin necesidad de decir una palabra.

Entró directamente en la farmacia.

Los hombres de traje permanecieron discretamente detrás de él.

El gerente se adelantó inmediatamente.

—Buenas noches, señor...

El anciano ni siquiera respondió.

Sus ojos recorrieron toda la farmacia.

Hasta detenerse en Margaret.

Ella sonrió.

—Llegaste.

El anciano caminó directamente hacia ella.

Después hizo algo que dejó absolutamente inmóviles a todos.

Se inclinó.

Tomó cuidadosamente las manos de Margaret.

Y preguntó con emoción contenida:

—¿Es él?

Margaret miró a Daniel.

Asintió lentamente.

—Sí.

Es el muchacho del que te hablé que esperaba encontrar algún día.

Daniel permanecía completamente confundido.

El anciano se acercó lentamente hasta él.

Lo observó durante varios segundos.

Después extendió la mano.

—Mi nombre es Edward Wilson.

Daniel respondió con educación.

—Mucho gusto, señor.

Edward sonrió.

—Mucho gusto... hijo.

El gerente seguía sin entender absolutamente nada.

Entonces Margaret rompió el silencio.

—Daniel... durante diez años he recorrido hospitales, supermercados, estaciones de servicio, cafeterías y farmacias.

Buscando exactamente a alguien como tú.

Toda la farmacia quedó inmóvil.

Daniel parpadeó confundido.

—¿Buscarme?

Ella negó suavemente.

—No a ti específicamente.

Buscaba una persona capaz de ayudar a un desconocido cuando nadie lo obligaba.

Edward continuó la explicación.

—Hace muchos años perdimos a nuestro único hijo.

Desde entonces decidimos utilizar nuestra fortuna para encontrar personas con un corazón extraordinario.

No empresarios.

No políticos.

No celebridades.

Personas buenas.

Simplemente buenas.

El gerente comenzó a ponerse nervioso.

Jamás había imaginado algo semejante.

Edward sonrió nuevamente.

—Y hoy... mi esposa finalmente encontró a esa persona.

May you like

Daniel permanecía completamente en silencio.

No sabía qué responder.

Other posts