CAPÍTULO 2: “Cuando un Hombre Tranquilo Despierta la Tormenta”

Lucas se levantó lentamente.
El silencio cayó.
Uno de los agresores rió.
—¿Qué vas a hacer? ¿Llorar?
Lucas miró al perro temblando en el suelo…
Y luego levantó la cabeza.
Su mirada ya no era la misma.
Era fría.
Firme.
Decidida.
—Te equivocaste —dijo.
El primer puñetazo llegó antes de que terminaran de reír.
Uno cayó al suelo.
Otro intentó reaccionar, pero Lucas ya estaba encima de él.
No peleaba por orgullo.
No peleaba por rabia.
Peleaba por algo más fuerte.
Lealtad.
El grupo intentó atacarlo juntos.
Pero cada golpe de Lucas era preciso, rápido, imparable.
El perro, aunque herido, se arrastró hacia un lado, observando a su dueño luchar por él.
Finalmente, los cuatro hombres huyeron, golpeados y humillados.
El silencio regresó.
Lucas cayó de rodillas junto al perro.
—No te voy a dejar… ¿me oyes? nunca —susurró.
El animal lamió su mano débilmente.
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Y en ese instante…
Lucas supo que su vida acababa de cambiar.