flashbuzz

Capítulo 1: “Señor… por favor, ayúdeme”

La lluvia golpeaba con fuerza los grandes ventanales del restaurante mientras Lucía Ortega corría por la calle sin mirar atrás.

Tenía el cabello mojado, la respiración entrecortada y una mano apretada contra el pecho. El rostro le ardía donde todavía podía sentirse la marca roja de una mano. Cada vez que escuchaba pasos detrás de ella, el miedo volvía a cerrarle la garganta.

No sabía adónde ir.

Solo sabía que no podía regresar.

Empujó las puertas del elegante restaurante y entró empapada. Decenas de personas cenaban bajo las cálidas lámparas ámbar, rodeadas de copas, platos y conversaciones discretas.

Por un instante, Lucía se quedó inmóvil.

Entonces lo vio.

Un hombre mayor estaba sentado solo junto a una ventana.

Tomás Valera.

Lucía no lo conocía personalmente. Solo había escuchado su nombre una vez, hacía mucho tiempo, en una conversación que Álex había intentado ocultarle.

Pero algo en aquel hombre le resultaba extrañamente familiar.

Lucía corrió hacia él.

Se dejó caer junto a su mesa y le agarró el brazo con ambas manos.

“Señor… por favor, ayúdeme.”

Tomás levantó la mirada.

Su expresión cambió inmediatamente al ver el estado de la joven.

Lucía intentó hablar, pero apenas podía respirar.

Miró hacia la entrada.

“Va a venir.”

Tomás frunció ligeramente el ceño.

“¿Quién?”

Lucía negó con la cabeza.

“No quiero problemas.”

Tomás se levantó lentamente.

Entonces vio la marca en su mejilla.

Su mirada recorrió el pequeño hematoma junto a su mandíbula.

Durante varios segundos no dijo nada.

Finalmente preguntó:

“¿Quién te hizo esto?”

Lucía bajó los ojos.

“No quiero problemas.”

Tomás sostuvo su mirada.

“Ya los tienes.”

Lucía sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Y entonces las puertas del restaurante volvieron a abrirse.

Álex Serrano entró.

Tenía la ropa ligeramente mojada por la lluvia, pero su expresión era mucho más fría que el clima de aquella noche.

Miró alrededor.

Encontró a Lucía.

Y después vio que estaba escondida detrás de Tomás.

Su rostro cambió.

Caminó hacia ellos con una sonrisa burlona.

“Lucía, ven aquí.”

Lucía se aferró con más fuerza al abrigo de Tomás.

Álex se detuvo.

“No se meta. Es mi novia.”

Algunas conversaciones cercanas comenzaron a apagarse.

Tomás giró lentamente hacia él.

“¿Y eso te da derecho a tocarla?”

Álex soltó una pequeña risa.

“Usted no sabe nada de nosotros.”

Tomás no respondió.

Solo observó a Lucía.

Ella sabía perfectamente lo que estaba preguntando con aquella mirada.

“¿Te ha hecho esto él?”

Lucía no pudo contestar.

Su labio inferior comenzó a temblar.

Álex intervino inmediatamente.

“Está exagerando otra vez.”

Lucía cerró los ojos.

Durante meses había repetido aquella misma frase para sí misma.

Estás exagerando.

No fue para tanto.

Solo estaba enfadado.

No volverá a suceder.

Pero aquella noche algo había cambiado.

Lucía abrió los ojos.

Miró a Tomás.

Y finalmente dijo:

“Sí.”

El restaurante quedó casi completamente en silencio.

Álex perdió su sonrisa.

Tomás no levantó la voz.

No necesitó hacerlo.

Simplemente dio un paso hacia delante, colocándose entre ambos.

Álex apretó la mandíbula.

“No sabe con quién está hablando.”

Tomás lo observó con una tranquilidad inquietante.

“Creo que eres tú quien no sabe con quién estás hablando.”

Metió una mano en el interior de su abrigo camel y sacó un pequeño tarjetero de cuero negro.

No lo abrió.

No explicó qué contenía.

Solo lo sostuvo unos segundos.

Después miró al encargado del restaurante.

“Llame al propietario.”

El encargado se quedó inmóvil.

Álex cambió de color.

Lucía lo vio.

Y por primera vez comprendió algo que hasta entonces no había entendido.

Álex tenía miedo.

No de la policía.

No del restaurante.

De Tomás.

Pero ¿por qué?

Tomás guardó el tarjetero.

Sacó entonces un antiguo teléfono negro.

Lucía lo miró desconcertada.

“¿Quién es usted?”

Tomás no contestó.

Marcó un número.

Esperó.

Luego miró directamente a Álex.

“Sí. Ya la he encontrado.”

Lucía sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

Tomás permaneció en silencio durante unos segundos.

Después añadió:

“Y él está aquí.”

Álex se quedó completamente inmóvil.

May you like

Tomás terminó la llamada.

Y justo entonces, las puertas del restaurante volvieron a abrirse.

Related Stories

Other posts