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CAPÍTULO 2: LA LLAMADA AL SOLDADO

Caleb no dudó.

Sus manos pequeñas temblaban, pero obedecían.

Sacó el teléfono.

Marcó el contacto que siempre había estado ahí.

DAD ⭐

Una vez.

Dos veces.

Tres tonos.

Y el mundo contuvo la respiración.

En Fort Benning, a cientos de kilómetros de distancia, el coronel Jerome Washington estaba en medio de una reunión cuando su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Y algo en su expresión cambió inmediatamente.

No era sorpresa.

Era instinto.

—Necesito salir —dijo.

Salió sin esperar respuesta.

Mientras tanto, en la calle de Georgia, Marcus seguía boca abajo contra el concreto.

El oficial Pruitt presionaba su rodilla contra su espalda.

Demasiado cómodo.

Demasiado seguro.

Demasiado acostumbrado.

Caleb, llorando, mantuvo el teléfono en su oreja.

—¿Papá…?

Al otro lado, silencio.

Luego una voz.

Baja.

Controlada.

Peligrosamente tranquila.

—Hijo… dime qué está pasando.

Caleb no pudo hablar al principio.

Solo sollozos.

Luego:

—Están lastimando a Marcus…

El silencio en la línea cambió.

Se volvió frío.

Militar.

Definitivo.

—Dame la ubicación.

Caleb la dio.

Y en ese instante, algo se activó.

No en la calle.

En otro lugar.

En otro nivel.

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El coronel Jerome Washington ya no estaba en una base.

Estaba en movimiento.

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