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Capítulo 1: El Encuentro Que Paralizó Todo El Aeropuerto — Dos Niños Con El Mismo Rostro Y Un Misterio Imposible De Explicar

Ryan Whitmore tenía nueve años y estaba acostumbrado a viajar.

Su padre dirigía una de las empresas tecnológicas más importantes de Estados Unidos y los aeropuertos formaban parte de su vida desde pequeño.

Aquella mañana, el enorme vestíbulo del Aeropuerto Internacional de Chicago estaba repleto de pasajeros.

Las pantallas anunciaban vuelos hacia todo el mundo.

Maletas rodaban por el suelo brillante.

Las voces de los altavoces se mezclaban con el ruido constante de la multitud.

Ryan caminaba unos metros delante de su madre, Victoria Whitmore.

Vestía un elegante traje beige con una corbata marrón perfectamente anudada.

Era un niño educado, curioso y tranquilo.

Mientras observaba una maqueta de aviones cerca de una cafetería, levantó la vista.

Y entonces...

El tiempo pareció detenerse.

A pocos metros de él había otro niño.

Tenía exactamente su misma edad.

El mismo color de ojos.

El mismo cabello.

Las mismas pecas junto a la nariz.

Incluso la misma pequeña cicatriz sobre la ceja izquierda.

La única diferencia era la ropa.

Ryan parecía un niño de familia adinerada.

El otro llevaba pantalones viejos, zapatillas desgastadas y una sudadera cubierta de manchas de barro.

Ambos se quedaron inmóviles.

Ryan dio un paso adelante.

—¿Por qué tienes mi cara?

El otro niño también parecía incapaz de hablar.

Finalmente respondió en voz baja.

—Pensé que yo era el único...

Los pasajeros seguían caminando sin prestar atención.

Pero para aquellos dos niños...

el mundo había desaparecido.

En ese instante apareció Victoria.

Corría desesperadamente entre la multitud.

—¡Ryan!

Al llegar junto a su hijo quedó completamente inmóvil.

Su mirada pasó lentamente de Ryan al otro niño.

Y perdió completamente el color del rostro.

Ryan señaló al desconocido.

—Mamá...

¿Por qué él es igual que yo?

Antes de que Victoria pudiera responder...

el niño levantó lentamente el cuello de su vieja camisa.

Colgando de una cadena oxidada apareció una pequeña placa metálica.

Victoria dejó de respirar.

En ella podía leerse claramente:

BABY #2

La mujer sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

Porque aquella placa pertenecía al hospital.

Al mismo hospital donde, nueve años atrás...

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había dado a luz.

Y donde había jurado que solo había nacido un hijo.

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