Capítulo 1: La Atracción Falló en Plena Inauguración y un Trabajador Arriesgó Todo para Salvar a un Niño

El centro de entretenimiento Galaxy World estaba abarrotado durante su gran inauguración.
Luces de colores iluminaban las atracciones, los niños corrían por los pasillos y cientos de familias grababan la celebración desde las barandillas de cristal.
Jake Miller, un técnico de mantenimiento de veintiocho años, observaba con preocupación la atracción giratoria situada en el centro del edificio.
Aquella mañana había detectado una falla en uno de los seguros.
Informó al gerente.
Pero el hombre rechazó detener la máquina.
—No arruinaremos una inauguración millonaria por una alarma menor —le respondió.
Horas después, la atracción se detuvo bruscamente a varios metros del suelo.
Un niño de ocho años llamado Noah quedó atrapado detrás de una barra de seguridad suelta.
Su cuerpo comenzaba a deslizarse.
—¡Mamá! —gritó aterrorizado.
Las familias entraron en pánico.
Jake soltó su caja de herramientas y corrió hacia el panel de emergencia.
Detuvo la atracción, se colocó un arnés y subió por la escalera de mantenimiento mientras la estructura crujía.
—Mírame a mí, Noah. No mires hacia abajo.
El niño lloraba, pero obedeció.
Jake aseguró la barra, sujetó al pequeño y logró bajarlo lentamente.
Cuando llegaron al suelo, Noah lo abrazó con fuerza.
Sin embargo, el gerente apareció furioso.
—¡Arruinaste toda la inauguración!
Jake lo miró incrédulo.
—¡El niño estaba en peligro!
—Debiste esperar mis instrucciones.
—Podría haber caído.
El gerente señaló la salida del personal.
—¡Estás despedido! ¡Recoge tus cosas!
Jake respiró profundamente.
—Lo volvería a hacer.
En ese momento, una mujer con un elegante traje color crema atravesó la multitud.
Abrazó a Noah y comprobó que no estuviera herido.
Después miró a Jake.
—¿Tú salvaste a mi hijo?
Jake asintió.
La mujer sacó su teléfono.
—Quiero al propietario de esta cadena aquí. Ahora.
El gerente soltó una risa nerviosa.
—Señora, el propietario no atiende asuntos como este.
Ella abrió su bolso y mostró una tarjeta negra.
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—Parece que todavía no sabes quién firmó tu contrato.
El rostro del gerente perdió todo color.