Capítulo 2: El Lote Prohibido Había Regresado para Repetir una Muerte que Nunca Fue un Accidente

Ryan corrió hacia el segundo niño.
Le quitó el producto de las manos antes de que pudiera abrirlo. El padre protestó, pero Victoria mostró el código del lote y ordenó cerrar todas las salidas.
Seguridad comenzó a recoger cada caja idéntica de los estantes.
Había doce.
Todas llevaban sellos falsificados.
Los análisis preliminares confirmaron que los aperitivos contenían una sustancia capaz de provocar una reacción cardíaca severa.
No había sido un error de fabricación.
Alguien los había manipulado después de llegar a la tienda.
Victoria llevó a Ryan, al gerente y al jefe de seguridad a la oficina.
—Quiero saber cómo un lote destruido hace ocho años volvió a nuestros estantes.
El gerente insistió en que desconocía el origen.
Pero los registros mostraban que había autorizado personalmente una entrega especial aquella mañana.
—Me dijeron que era una campaña privada —se defendió—. Los documentos parecían reales.
Ryan examinó las facturas.
El nombre de la empresa distribuidora le resultaba familiar.
Northbridge Foods.
Ocho años atrás, esa compañía produjo el lote que causó la muerte de Thomas Carter, esposo de Victoria.
La versión oficial afirmó que Thomas sufrió una alergia desconocida después de comer uno de sus productos.
La empresa retiró todo el lote y cerró poco después.
Victoria nunca creyó completamente aquella explicación.
Thomas estaba investigando pagos ilegales dentro de la cadena de supermercados cuando murió.
—¿Qué descubrió su esposo? —preguntó Ryan.
Victoria abrió un archivo antiguo.
Thomas sospechaba que varios directivos utilizaban productos premium para transportar sustancias prohibidas y dinero oculto entre distintas sucursales.
Cuando se acercó demasiado a la verdad, alguien cambió el contenido de su caja.
Su muerte fue presentada como accidente.
—¿Quién sabía que Lily vendría hoy? —preguntó Ryan.
Victoria miró al gerente.
Él bajó los ojos.
La visita se organizó en secreto.
Solo cuatro personas conocían la hora exacta.
Victoria.
El gerente.
El jefe de seguridad.
Y Adrian Carter, hermano de Thomas.
Adrian había asumido temporalmente parte del control de la empresa después de la muerte de su hermano.
También insistía desde hacía meses en que Victoria le entregara sus acciones.
Ryan volvió a mirar la fotografía encontrada dentro del envoltorio.
No solo mostraba a Lily.
En el fondo aparecía él colocando productos en el mismo pasillo.
—Quien tomó esta foto quería que yo viera el sello —dijo.
Victoria frunció el ceño.
—¿Por qué lo ayudarían a detener el ataque?
—Quizá no querían matarla todavía. Querían que encontráramos algo.
Debajo de la fotografía había un pequeño código escrito a mano.
Conducía a un casillero del almacén.
Dentro encontraron una grabadora, documentos antiguos y una llave de seguridad perteneciente a Thomas.
La grabación contenía su voz.
—Victoria, si escuchas esto, significa que el lote volvió a aparecer. No confíes en Adrian. Él sabía lo que contenía la caja que me mató.
Victoria sintió que las piernas le fallaban.
Antes de que pudiera reaccionar, todas las luces del supermercado se apagaron.
Desde los altavoces se escuchó una voz masculina.
—Ocho años esperando que encontraras esa grabación.
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Ryan reconoció la voz.
Era la misma que había dado las órdenes por la radio de seguridad.