Capítulo 2: El rostro que Victoria llevaba diecisiete años intentando olvidar

Los policías apuntaron sus armas hacia el recién llegado.
El gerente retrocedió hasta la pared.
Por primera vez desde que Emma lo conocía, parecía realmente aterrorizado.
—No lo escuchen —dijo—. Ese hombre está enfermo.
El joven sonrió.
—Siempre dices lo mismo cuando alguien descubre la verdad.
Victoria mantuvo a Leo detrás de ella.
No podía apartar la mirada de aquel rostro.
No solo se parecía al gerente.
También era idéntico a alguien que había conocido muchos años atrás.
—Evan… —susurró.
Emma la oyó.
—¿Lo conoce?
Victoria tardó en responder.
Diecisiete años antes había trabajado para una empresa de biotecnología llamada Helix Meridian. Su esposo, Thomas Carter, era investigador en un proyecto reservado que buscaba regenerar tejidos dañados mediante copias celulares.
La compañía afirmaba que solo fabricaba órganos.
Pero Thomas descubrió que algunos experimentos habían superado ese límite.
Habían intentado crear cuerpos humanos completos a partir del material genético de personas reales.
Uno de los primeros sujetos fue Evan Mercer, hermano menor del gerente.
Evan murió oficialmente durante un incendio en el laboratorio.
O eso les dijeron.
La investigación fue cerrada.
Thomas comenzó a recibir amenazas.
Meses después desapareció sin dejar rastro.
Victoria estaba embarazada de Leo cuando ocurrió.
—¿Quién es usted realmente? —preguntó a la figura del muelle.
El joven señaló al gerente.
—Pregúntale qué hizo con mi vida.
El gerente se llamaba Marcus Mercer.
Había reconocido que su hermano sobrevivió al incendio, pero nunca se lo contó a nadie. Helix reconstruyó el cuerpo de Evan utilizando tejido conservado antes del accidente.
Sin embargo, el resultado no fue una simple recuperación.
El nuevo Evan tenía los recuerdos de su hermano hasta el día del incendio, pero su cuerpo apenas había envejecido.
Marcus aceptó ocultarlo a cambio de dinero y una nueva identidad.
Durante años permitió que Helix utilizara los almacenes y vehículos del supermercado para transportar material humano, expedientes y personas secuestradas.
—¿Leo era uno de esos transportes? —preguntó Emma.
Evan miró al niño.
—No. Él era la llave.
Thomas Carter no había desaparecido por accidente.
Antes de ser capturado, escondió una copia de los archivos de Helix dentro de una cuenta cifrada. Solo podía abrirse con una combinación genética de Victoria y su hijo.
Alguien había secuestrado a Leo para obtener una muestra de su sangre.
—¿Fuiste tú? —preguntó Victoria.
Evan no respondió.
Marcus levantó la voz.
—¡Él lo encerró en el carrito!
Leo volvió a negar.
—No estaba solo.
El niño explicó que dos hombres lo llevaron al supermercado. Uno tenía el rostro joven del gerente.
El otro llevaba una máscara.
Antes de esconderlo, discutieron.
El joven quería dejarlo ir.
El hombre enmascarado amenazó con matar a Victoria.
—Entonces, ¿por qué viniste aquí? —preguntó Emma a Evan.
—Porque sabía que Marcus destruiría cualquier prueba antes de que llegara la policía.
Señaló el segundo carrito.
Los agentes retiraron la tela.
No había otro niño.
Había un hombre inconsciente dentro.
Victoria cayó de rodillas al reconocerlo.
Era Thomas Carter.
Su esposo desaparecido.
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Habían pasado ocho años desde la última vez que lo vio.
Pero él no parecía haber envejecido más de unos meses.