CAPÍTULO 2: EL LÍMITE QUE SE ROMPIÓ

El tacón rojo descendió.
El impacto fue inmediato.
Elena gritó, intentando empujar la pierna de Selena con ambas manos, pero su fuerza no era suficiente.
Sus dedos temblaban.
Su respiración se rompía en fragmentos de pánico.
—¡Por favor, para! —gritó Elena entre lágrimas.
Selena no se movía.
Su expresión era fría, casi orgullosa.
Como si nada de esto tuviera consecuencias.
Elena, con el rostro pálido y empapado en lágrimas, levantó la mirada.
—Por favor… —repitió.
Pero Selena solo sonrió más.
La habitación parecía más oscura a pesar de la luz blanca.
Y entonces…
las puertas dobles del hospital se abrieron de golpe.
Un sonido seco.
Violento.
Adrian Vale entró.
Se quedó congelado medio segundo.
Su mirada pasó de Selena… a Elena en el suelo…
Y en ese instante, todo cambió en su rostro.
Confusión.
Shock.
Y luego… rabia.
Una rabia pura.
—¿Qué estás haciendo? —dijo con voz rota.
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Selena giró lentamente la cabeza hacia él, sin miedo.
Pero ya era demasiado tarde.