Capítulo 2: El Ataúd Vacío Reveló que Michael Había Fingido su Muerte para Proteger a Elena de una Traición Militar

Los guardias apuntaron hacia el ataúd.
Elena levantó una mano.
—No disparen.
Se acercó lentamente y apartó la bandera con respeto.
El pestillo volvió a moverse.
Cuando levantaron la tapa, no encontraron a Michael.
Dentro había un joven marinero atado, amordazado y vestido con el uniforme del capitán.
Respiraba con dificultad, pero estaba vivo.
Los médicos corrieron para atenderlo.
Elena encontró una grabadora oculta bajo su espalda.
Al activarla, escuchó la voz de Michael.
—Elena, si estás oyendo esto, no confíes en el informe de mi muerte. Tampoco confíes en todos los hombres que te están saludando.
El salón fue cerrado inmediatamente.
El marinero rescatado se llamaba Thomas Blake. Había trabajado junto a Michael durante su última investigación.
Cuando recuperó el aliento, explicó que Michael había descubierto una red de oficiales que vendía información de operaciones secretas.
La organización conocía la existencia de la Fuerza Eclipse.
También sabía que Elena había sobrevivido a una misión ocurrida siete años antes.
Oficialmente, todos los miembros de Eclipse murieron durante una explosión en el Mediterráneo.
En realidad, Elena sobrevivió y vivió oculta mientras buscaba a los responsables de la emboscada.
Michael era su único contacto.
—¿Quién organizó su funeral? —preguntó Elena.
El almirante Collins respondió:
—La oficina de inteligencia naval.
—¿Quién entregó el ataúd?
El jefe de protocolo revisó los documentos.
La autorización llevaba la firma de Robert Kane.
Todos miraron al oficial de seguridad.
Robert retrocedió.
—Solo seguí instrucciones.
Elena observó sus manos.
Tenía una pequeña mancha de grasa metálica idéntica a la que cubría el cierre del ataúd.
—Usted sabía que el cuerpo no estaba dentro.
Robert intentó escapar, pero los guardias lo detuvieron.
En su chaqueta encontraron la medalla que había arrancado del uniforme de Elena.
Dentro de ella había un pequeño transmisor.
El dispositivo estaba enviando su ubicación.
—No quería comprobar quién era —dijo Elena—. Quería colocar esto sobre mí.
Robert terminó confesando que trabajaba para un grupo clandestino llamado Black Harbor.
Le ordenaron detener y humillar a Elena para mantenerla inmóvil mientras rastreaban su señal.
El funeral era una trampa.
Michael había descubierto el plan y sustituyó su supuesto cuerpo por Thomas. También escondió la fotografía dentro de la medalla para demostrar que seguía vivo.
—¿Dónde está mi hermano? —preguntó Elena.
Robert se negó a responder.
Thomas recordó las últimas palabras de Michael antes de separarse:
“Si Elena aparece, dile que revise el lugar donde enterraron oficialmente a Eclipse.”
Aquella frase los llevó hasta un antiguo hangar militar situado cerca de la costa.
En los registros, aquel lugar figuraba como el punto desde el que se transportaron los restos de la unidad siete años atrás.
Pero las cámaras térmicas mostraban movimiento bajo el suelo.
Al llegar, encontraron un ascensor oculto.
En el nivel inferior había celdas, equipos de vigilancia y archivos secretos sobre miembros de Eclipse.
En una pantalla apareció Michael.
Estaba vivo, esposado y rodeado por hombres armados.
Junto a él se encontraba el director de inteligencia naval, general Victor Shaw.
—Bienvenida, comandante —dijo Shaw—. Su hermano hizo todo lo posible para traerla hasta aquí.
Elena apretó los puños.
—Suéltenlo.
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Shaw sonrió.
—No la llamamos para negociar. La llamamos para terminar lo que empezó hace siete años.