Capítulo 2: La Trampa Reveló que Emma Había Sido Elegida para Cargar con un Robo Mucho Mayor

Victoria ordenó cerrar todas las salidas.
El gerente intentó explicar que la grabación estaba manipulada, pero la cartera contenía una cámara diminuta y un sistema de audio activado desde el momento en que fue colocada bajo el mostrador.
Todo había quedado registrado.
Los guardias revisaron la taquilla de Emma.
Dentro encontraron varios fajos de dinero, joyas y documentos que nunca le habían pertenecido.
Emma comenzó a llorar.
—Nunca había visto nada de eso.
Victoria se volvió hacia el gerente.
—¿Por qué quería culparla?
El hombre permaneció en silencio.
Uno de los supervisores abrió la oficina administrativa y encontró varias carpetas con registros de devoluciones falsas, facturas manipuladas y transferencias a empresas inexistentes.
Durante años, alguien había robado dinero del supermercado.
Las pérdidas eran enormes.
Emma había sido seleccionada porque tenía pocos recursos, no tenía familiares influyentes y necesitaba desesperadamente su empleo.
Parecía la persona perfecta para cargar con la culpa.
—¿Desde cuándo planeaban esto? —preguntó Emma.
Victoria mostró una fotografía tomada semanas antes.
En ella, el gerente aparecía observándola mientras trabajaba.
—Desde que usted informó que faltaban productos del inventario.
Emma recordó que había advertido varias veces sobre cajas desaparecidas y registros que no coincidían. El gerente siempre dijo que eran errores.
En realidad, había comenzado a considerarla peligrosa.
La sombra de la grabación fue identificada como Laura Mills, asistente del departamento de contabilidad.
Cuando seguridad intentó encontrarla, descubrió que había abandonado el edificio minutos antes.
En su escritorio encontraron una nota:
“Yo solo seguía órdenes. El dinero nunca fue para el gerente.”
Victoria comprendió que el hombre detenido tampoco era el verdadero responsable.
El gerente confesó finalmente que recibía instrucciones de una persona que nunca veía. Las órdenes llegaban mediante llamadas y mensajes cifrados.
Debía manipular inventarios, preparar empleados como culpables y transferir dinero a cuentas ocultas.
—¿Quién lo dirigía? —preguntó Victoria.
—No lo sé.
La primera cartera volvió a sonar.
Victoria respondió.
Una voz distorsionada dijo:
—Señora Hale, si continúa investigando, la próxima acusación no será contra una cajera.
La llamada terminó.
Segundos después, las pantallas del supermercado mostraron una transmisión en directo de la casa de Victoria.
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Una figura caminaba por su salón.
Sobre la mesa había una fotografía de su hija.