PARTE I: EL GEMELO QUE HIZO TEMBLAR AL MATÓN DE LA ESCUELA

PARTE 1: EL ROSTRO QUE VOLVIÓ A APARECER

La gente había confundido a Elena y Marco Torres toda su vida.
Los mismos ojos oscuros.
La misma mandíbula.
La misma forma de quedarse inmóviles cuando algo iba mal.
Su madre juraba que siempre podía distinguirlos.
Y se equivocaba casi la mitad del tiempo.
En Jefferson High tenían un sistema sencillo.
Elena llevaba el cabello largo.
Marco lo mantenía corto.
Funcionaba.
Hasta aquel martes por la mañana.
7:58 AM.
Elena estaba frente a su casillero cuando Connor Walsh apareció.
Connor era el tipo de estudiante que caminaba por la escuela como si las reglas fueran para otras personas.
Popular.
Arrogante.
Intocable.
—¿No escuchaste cuando te hablé? —gruñó.
Elena intentó ignorarlo.
Fue un error.
Connor la empujó contra los casilleros.
Y cuando ella respondió que la dejara en paz...
la golpeó.
El sonido resonó en todo el pasillo.
Nadie intervino.
Nadie se movió.
Todos observaron.
Entonces una voz sonó detrás de él.
—Oye.
Connor se giró.
Y lo que vio hizo desaparecer el color de su rostro.
Frente a él estaba la misma cara.
Los mismos ojos.
La misma mandíbula.
La misma persona que acababa de golpear.
Pero sin ninguna marca.
Sin ninguna herida.
Perfectamente tranquila.
Connor miró a Elena.
Luego a Marco.
Después otra vez a Elena.
Su cerebro parecía incapaz de entender lo que veía.
—¿Qué demonios...?
—Somos gemelos —dijo Marco.
El pasillo quedó completamente inmóvil.
Marco dio un paso adelante.
No parecía enfadado.
Eso era lo inquietante.
Parecía decepcionado.
—Vas a pedirle perdón.
Connor tragó saliva.
Por primera vez en años, parecía pequeño.
—Yo...
—Ahora.
Connor miró otra vez aquellos dos rostros idénticos.
Uno con una marca roja.
El otro observándolo en silencio.
Y algo dentro de él se quebró.
—Lo siento.
Elena no respondió.
Marco tampoco.
Connor se alejó rápidamente entre la multitud.
Pero mientras desaparecía por el pasillo, nadie sabía que aquella humillación sería solo el comienzo.
Porque Connor Walsh no era una persona acostumbrada a perder.
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Y esa misma tarde decidió recuperar el control.
Sin importar el precio.