Parte 1: El Chico del Lavadero

La lavandería pública estaba tan llena como siempre.
El zumbido constante de las lavadoras industriales resonaba entre las paredes desgastadas. El suelo de baldosas antiguas reflejaba la fría luz fluorescente que iluminaba el local.
La mayoría de los clientes estaban ocupados con sus propias tareas.
Nadie prestaba demasiada atención al chico de sudadera negra.
Tenía unos dieciséis años.
Era callado.
Reservado.
Y parecía concentrado únicamente en doblar una gran pila de ropa oscura sobre una mesa de plástico.
Cada camiseta quedaba perfectamente alineada.
Cada pantalón doblado con cuidado.
No hablaba con nadie.
No molestaba a nadie.
Pero alguien sí tenía interés en molestarlo.
Al otro lado de la lavandería estaba Tyler.
Un chico de la misma edad.
Sudadera gris.
Sonrisa arrogante.
Famoso en el barrio por buscar problemas donde no los había.
Había visto al chico de negro varias veces.
Y le molestaba que nunca reaccionara a sus provocaciones.
Aquel día decidió intentarlo una vez más.
Caminó lentamente hacia la mesa.
Algunos clientes levantaron la vista al verlo acercarse.
Ya conocían sus problemas.
Ya conocían su actitud.
Pero nadie dijo nada.
Tyler se detuvo frente a la mesa.
Observó la ropa perfectamente doblada.
Luego sonrió.
Y de un solo movimiento lanzó toda la pila al suelo.
Las camisetas y los pantalones se dispersaron por las baldosas.
La lavandería quedó en silencio.
El chico de negro se quedó inmóvil.
Mirando la ropa esparcida a sus pies.
Tyler soltó una carcajada.
—Parece que tendrás que doblarla otra vez.
Algunos clientes negaron con la cabeza.
Otros apartaron la mirada.
Esperaban que el chico recogiera la ropa y se marchara.
Como siempre.
Porque nadie lo había visto pelear.
Nunca.
Tyler dio un paso más.
Bloqueándole el camino.
—¿Qué pasa? ¿Te quedaste sin palabras?
El chico de negro levantó lentamente la cabeza.
Sus ojos parecían completamente tranquilos.
Demasiado tranquilos.
Aquello hizo que varios clientes sintieran una extraña incomodidad.
Porque a veces el silencio no significa miedo.
A veces significa que alguien ya tomó una decisión.
Tyler siguió sonriendo.
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Sin darse cuenta de que acababa de cruzar una línea que jamás debió cruzar.
Y en ese momento, el chico de negro dio un paso hacia él...