PARTE 1: El Bombero que Regresó de entre los Muertos

La lluvia golpeaba con fuerza las ventanas de la estación de bomberos de Mountain Ridge.
El capitán Ray Sullivan terminaba unos informes cuando las puertas se abrieron de golpe.
Una niña empapada entró corriendo.
No tendría más de ocho años.
En sus brazos sostenía a un bebé recién nacido envuelto en una vieja chaqueta de bombero.
Todos se quedaron inmóviles.
—¿De quién es ese bebé? —preguntó Ray.
La niña levantó la vista.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—Él me dijo que la trajera aquí.
—¿Quién?
La niña abrió la chaqueta.
Una placa metálica cayó al suelo.
DANIEL BROOKS.
El silencio fue absoluto.
Daniel Brooks.
El bombero que había sido declarado muerto tres años atrás durante el incendio del viejo almacén industrial.
Entonces apareció.
Empapado por la lluvia.
Con cicatrices en el rostro.
Pero vivo.
Muy vivo.
Ray sintió que las piernas le fallaban.
—Daniel...
—Nos mintieron —respondió él.
Durante los siguientes minutos, Daniel contó una historia imposible.
Bajo el almacén existía una red de túneles secretos.
Tras el derrumbe, él había sobrevivido.
Pero no estaba solo.
Había encontrado familias enteras atrapadas allí abajo.
Personas que oficialmente no existían.
Niños.
Mujeres.
Ancianos.
Durante años, alguien había mantenido aquel lugar oculto.
Y cuando Daniel intentó escapar con pruebas de lo ocurrido, comenzaron a perseguirlo.
Por eso había aparecido aquella noche.
Por eso había traído a la niña.
Y por eso llevaba al bebé.
De pronto, la radio de la estación cobró vida.
—Daniel Brooks ha sido localizado.
Todos se quedaron helados.
—No permitan que hable.
Afuera, varios vehículos negros entraron derrapando en el estacionamiento.
Hombres armados descendieron rápidamente.
Ray miró a Daniel.
—¿Quiénes son?
Daniel abrazó con fuerza al bebé.
Su voz tembló.
—Las personas que nos enterraron.
Un golpe sacudió la puerta principal.
Luego otro.
La cerradura comenzó a romperse.
La niña empezó a llorar.
El bebé gritó en brazos de Daniel.
Y justo antes de que la puerta cediera, Daniel gritó:
—¡No vienen por mí!
Miró al recién nacido.
—¡Vienen por ella!
La puerta explotó hacia adentro.
Los hombres irrumpieron en la estación.
Los bomberos reaccionaron al instante.
Ray levantó un hacha de emergencia.
—¡Nadie toca a ese bebé!
Por primera vez, los desconocidos dudaron.
Entonces uno de ellos habló.
—Entréguennos a la niña y a la bebé.
Daniel apretó los dientes.
—Jamás.
—Ella pertenece al Proyecto Aurora.
La sangre se heló en las venas de todos.
—¿Qué proyecto? —preguntó Ray.
Daniel bajó la mirada.
—El experimento que destruyó nuestras vidas.
Y antes de que pudiera explicar más, las luces de la estación se apagaron.
Todo quedó a oscuras.
Y en medio de la confusión...
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la niña desapareció.
FIN DE LA PARTE 1...